viernes, 21 de agosto de 2009

Poca Luz en el bar


Quien ha vivido en el infierno -y no rondado- puede entender la poesía de Jaime Urco (1952). “Poca Luz en el bar y otros poemas” (1995), merecedor del premio Asociación cultural Japonesa del Perú (1995), nos hace entender que la poesía y la vida es un monstruo de dos cuerpos que tiene solo una cabeza. Libro extenso, que el autor (me) confiesa que le demoro diez años en escribirla, y que solo transita –apocalípticamente- en un solo tema: el alcohol. Lo que se desprende de ahí son consecuencias que toda esa vida apátrida te puede ocasionar. El tema de la familia, la identidad de un pueblo (Perú), el suicidio, la soledad, la mujer; todo ello, con una inyección de reflexión pesimista, que se desprenden, insistentemente, en este cataclismo que nos aproxima a la nada. Urco nos plantea un libro arriesgado, como a la vez sencillo, con un vacío profundo –a lo Camus, Sartre, Hesse- sobre la condición humana. ¿Cuántas noches, inconciencias, calles solitarias, mujeres, bares atestados de fracasados, le costo para escribir este libro iluminador? No lo sé, pero siento el olor – en sus páginas- a sobaco, arcilla, cigarro, cerveza helada, mesa de madera, silencio, la nada. “Como cualquier hijo de vecino has pensado en volarte la/ tapa de los sesos/ aunque en honor a la verdad/ no haya más arma que tus solas ganas…” Urco me hace entender que la vida no vale nada y que el alcohol será el refugio eterno del hombre buscando –mordiéndose su homínida cola- lo que nunca tendrá respuesta. Será este éxtasis extraño que nos afrenta a una verdad del ser humano, el único momento donde somos hombres y podemos decir lo que sentimos y maldecimos: “estoy quebrado/ sigo mi camino/ nuevamente en una esquina soy el lector del kiosco/ mis ojos no pueden creer todo lo que ha podido ocurrir en/ un único día peor pienso más y digo/ no es un único día/ es la joda de años y años…”
La estructura del libro está definida en cuatro partes: “Bajo el volcan” - título tomado de la novela de Malcolm Lowry-, “el mundo al revés”, “entre idas y venidas” y “el reino de este mundo –clara intensión de parafrasear la novela de Carpentier-. El primer bloque nos plantea el itinerario del yo poético que debe transitar, ahí son comunes el bar, la cama, el sofá, la familia, el tema de abandono de la mujer o la soledad. En el segundo apartado teoriza sobre su condición de un desarraigado, sobre ese yo que ya no el yo, es un yo vilipendiado sin historia: “el sol sigue ahí/ arriba/ y entiendo que la piel que lo recibe tiene historia/ y una cosa era Wiracocha besado por el dios padre sol/ y otra yo...” “Entre idas y venidas” es la mirada de lo que era el yo/borracho que no es pero quiere serlo, ese yo condenado que lo persigue y lo atormenta: “quiero volver a ese lugar donde habría la panza / y el maná caía sin preguntar horas ayunos compañías…” “El reino de este mundo” parte de la idea del yo presente de su construcción como persona –pasado- que se desprende de una nación que para él es desconocida: “la venganza es inútil/ ya no somos inmortales hijos del sol padre Wiracocha/ ni tampoco cartesianos hegelianos” Urco nos envuelve en ese infierno que muchos hemos transitado, en el declive de negarnos como seres sociales, encorbatados y moralista. Sus letras queman en la boca, hierven, te escupen, te hacen entender que nada de lo que haz vivido en tu mesa –con sus tres cervezas- se compara a su infierno, porque el demonio que se encuentra embotellado es el peor de todos: la soledad. Salud poeta.


Puntuación: Muy bueno
Presentación: Regular
Género: Poesía
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1 comentario:

julia del prado morales dijo...

Te felicito Josue por este blog, sigue adelante. Abrazos, Julia (si puedes pon un libro de visitas)