Enoch Soames (Acantilado,
2026) de Max Beerbohm (Inglaterra, 1872 – Italia, 1956) relato emblemático publicado
en español por la editorial europea, se presenta como una pieza narrativa de
notable sofisticación intelectual, donde la ironía, la metaficción y la
reflexión sobre la posteridad literaria se articulan con precisión formal. Bajo
la apariencia de una historia fantástica —el pacto fáustico que permite al
protagonista viajar al futuro—, el texto despliega una crítica sutil pero
incisiva al narcisismo del escritor, a la ansiedad por el reconocimiento y a la
fragilidad del canon.
En el plano temático, el
relato gira en torno a la obsesión por la fama póstuma. Enoch Soames, poeta
menor y prácticamente ignorado por sus contemporáneos, encarna la figura del
artista que concibe la literatura como garantía de inmortalidad. La posibilidad
de comprobar su lugar en la historia se convierte en su deseo central; no busca
mejorar su obra ni comprender sus límites, sino verificar su permanencia.
Beerbohm construye así una sátira del impulso romántico hacia la gloria
literaria, mostrando cómo este anhelo se sustenta más en la vanidad que en la
conciencia crítica del propio talento.
Formalmente, el relato
destaca por su refinado uso de la primera persona y por la inserción del
narrador como personaje —guion largo—, recurso que intensifica la dimensión
metaficcional del texto. El narrador no solo cuenta la historia de Soames; se
implica en ella, la observa con distancia irónica y, al mismo tiempo, se
reconoce parte del mismo mundo literario que satiriza. La puntuación,
cuidadosamente modulada mediante comas, puntos y comas y dos puntos, contribuye
a un tono discursivo elegante, casi conversacional, que contrasta con la
gravedad del destino del protagonista.
El elemento fantástico
—el viaje al futuro— no funciona como evasión, sino como instrumento crítico.
El futuro al que accede Soames no es un espacio de consagración, sino un
archivo frío y burocrático: bibliotecas, catálogos, fichas. La literatura,
reducida a registro, revela la distancia entre el deseo del autor y el
funcionamiento real de la memoria cultural. La constatación de que Soames solo
sobrevive como nota marginal, como curiosidad erudita, constituye el núcleo
trágico del relato; la ironía, aquí, no anula la melancolía, sino que la afila.
Un aspecto
particularmente relevante es la reflexión implícita sobre la autoría y el
canon. Beerbohm sugiere que la posteridad no responde a criterios de justicia
estética ni a la intensidad del deseo creador; responde a contingencias
históricas, a mecanismos de selección opacos y, en ocasiones, arbitrarios. En
este sentido, Enoch Soames anticipa debates modernos sobre la construcción del
valor literario y la precariedad de la fama. El relato no ofrece consuelo:
incluso el pacto con el diablo resulta insuficiente frente a la indiferencia
del tiempo.
Desde una perspectiva
estilística, el texto se caracteriza por una prosa de gran precisión y
economía. No hay excesos descriptivos ni digresiones superfluas; cada detalle
contribuye al efecto irónico global. El humor de Beerbohm es seco, elegante,
profundamente intelectual; evita la burla explícita y opta por una ironía
estructural que emerge del contraste entre las expectativas del protagonista y
la realidad que enfrenta. Esta contención refuerza la eficacia crítica del
relato.
En conclusión, Enoch
Soames de Max Beerbohm es un relato breve de extraordinaria densidad
conceptual. A través de una ficción fantástica cuidadosamente construida, el
texto examina la vanidad del escritor, la ilusión de la inmortalidad literaria
y la lógica implacable de la posteridad. Su vigencia radica en esa lucidez
irónica que —lejos de envejecer— se vuelve cada vez más pertinente en un mundo
obsesionado con la visibilidad y el reconocimiento. Se trata, en suma, de una
obra que combina elegancia formal y profundidad crítica, y que confirma a
Beerbohm como un maestro de la ironía literaria.
Puntuación: Buena
Presentación: Muy
buena
Género: Relato
Leído: 8
de enero de 2026