jueves, 5 de febrero de 2026

E Unibus Pluram

 

E unibus pluram de David Foster Wallace (Estados Unidos 1962 -2008) se inscribe en una reflexión crítica sobre la cultura mediática contemporánea y su influencia decisiva en la literatura posmoderna; más que un texto meramente teórico, se trata de un diagnóstico cultural que combina análisis estético, observación sociológica y autoconciencia autoral. Wallace parte de una premisa central: la televisión, lejos de ser un simple medio de entretenimiento, ha moldeado de manera profunda las formas de percepción, ironía y narratividad en la ficción norteamericana de finales del siglo XX.

Uno de los ejes fundamentales del ensayo es la crítica a la ironía posmoderna. Wallace sostiene que la ironía —originalmente un instrumento subversivo y liberador— ha sido absorbida por la televisión como un recurso estandarizado; en consecuencia, ha perdido su capacidad crítica. La televisión, afirma el autor, se caracteriza por una lógica autorreferencial: se burla de sí misma, anticipa la crítica y la neutraliza. Este mecanismo genera una cultura de espectadores cínicos, acostumbrados a la distancia emocional y a la risa defensiva. La ficción literaria que adopta esta misma ironía corre el riesgo de reproducir el mismo vacío moral que pretende denunciar.

El ensayo articula, además, una tensión constante entre comunidad e individualismo. El título mismo —E Unibus Pluram, inversión irónica del lema estadounidense E Pluribus Unum— señala una paradoja cultural: de lo uno surgen muchos, es decir, de un aparato televisivo aparentemente unificador emerge una fragmentación extrema de experiencias, identidades y sensibilidades. Wallace analiza cómo la televisión simula intimidad y cercanía —miradas a cámara, risas enlatadas, guiños cómplices—, pero en realidad refuerza una experiencia solitaria y pasiva del consumo cultural. Esta falsa comunidad se convierte en un obstáculo para una literatura que aspire a generar vínculos éticos reales entre autor, texto y lector.

Desde el punto de vista estilístico y argumentativo, el ensayo refleja rasgos característicos de la escritura de Wallace: digresiones extensas, notas explicativas implícitas, acumulación de ejemplos y un tono que oscila entre lo académico y lo confesional. Este estilo no es accesorio; funciona como una puesta en práctica del problema que el propio texto analiza. El autor escribe desde dentro del sistema que critica —como consumidor de televisión y heredero del posmodernismo—, lo que le permite una lucidez autocrítica poco común. El guion largo aparece como un recurso para abrir incisos reflexivos; los puntos y comas organizan cadenas argumentativas complejas; los dos puntos introducen definiciones y giros conceptuales que buscan precisión más que contundencia retórica.

En la parte final del ensayo, Wallace propone —con cautela— la necesidad de una nueva sinceridad en la ficción estadounidense. No se trata de un retorno ingenuo al realismo tradicional, sino de una escritura que asuma el riesgo de la emoción, la vulnerabilidad y el compromiso moral; una literatura capaz de incomodar sin refugiarse en el cinismo. Esta propuesta no se presenta como un programa cerrado, sino como una inquietud ética abierta, dirigida tanto a los escritores como a los lectores.

En síntesis, E Unibus Pluram es un texto clave para comprender la relación entre medios, cultura y literatura contemporánea. Su valor crítico reside en señalar que la hegemonía televisiva no solo transforma los contenidos, sino también las formas de sensibilidad y de escritura; y que, frente a ello, la ficción tiene el desafío —y la responsabilidad— de inventar nuevas maneras de decir la verdad en un contexto saturado de imágenes, ironía y simulación.

Presentación: Buena

Puntuación: Buena

Género: Ensayos

Leído: 29 de enero del 2026


La invención de la soledad

 

La invención de la soledad (Anagrama, 2007) de Paul Auster (Newark, Nueva Jersey, 3 de febrero de 1947- 30 de abril de 2024, Brooklyn, Nueva York, Estados Unidos) es una obra fronteriza entre el ensayo autobiográfico y la meditación filosófica; no se trata de una novela tradicional en sentido estricto, sino de un texto híbrido que explora la memoria, la paternidad y el lenguaje como espacios de ausencia. Desde sus primeras páginas, el escritor norteamericano propone una escritura que no busca narrar una historia cerrada, sino indagar —con una prosa contenida y reflexiva— en los vacíos que deja la muerte del padre y, con ella, la imposibilidad de un conocimiento pleno del otro.

La obra se divide en dos partes claramente diferenciadas: Retrato de un hombre invisible y El libro de la memoria. En la primera, el autor construye una figura paterna marcada por el silencio, la distancia emocional y la opacidad; el padre aparece como un sujeto que ha vivido sin dejar huellas afectivas reconocibles. Auster no intenta idealizarlo ni condenarlo; por el contrario, lo examina como un enigma, como un objeto de observación casi clínica. Este distanciamiento narrativo —que recuerda al tono del informe o del inventario— refuerza la idea central del libro: la soledad no solo como condición existencial, sino como herencia transmitida de una generación a otra.

En El libro de la memoria, el texto se desplaza hacia una reflexión más abstracta y fragmentaria; aquí, la escritura se vuelve autorreferencial y ensayística. Auster introduce recuerdos, lecturas, episodios históricos y reflexiones filosóficas que dialogan entre sí de manera no lineal. El yo narrativo se desdobla; ya no es únicamente el hijo que observa al padre, sino el padre que se observa a sí mismo en relación con su propio hijo. Este juego de espejos —yo, padre, hijo— revela una preocupación central por la identidad y por la manera en que el lenguaje intenta, sin lograrlo del todo, fijar la experiencia vivida.

Desde un punto de vista estilístico, la sobriedad es uno de los rasgos más notables del texto. La prosa de Auster evita el exceso retórico y apuesta por frases precisas, pausadas, atravesadas por silencios significativos. El uso de la fragmentación no responde a una voluntad experimental gratuita, sino a la imposibilidad de reconstruir una memoria coherente; la forma, en este sentido, reproduce el contenido. Así, el libro se presenta como una serie de aproximaciones, de intentos parciales de comprensión, más que como una afirmación definitiva.

Deseo concluir el comentario proponiendo que La invención de la soledad puede leerse como una indagación profunda sobre la ausencia y la escritura: escribir no para recordar fielmente, sino para reconocer lo irrecuperable. Auster propone que la identidad se construye tanto a partir de lo que se dice como de lo que falta —de aquello que permanece en silencio—; y es precisamente en ese espacio vacío donde el texto encuentra su mayor densidad conceptual y emocional.

Puntuación: Muy bueno

Género: Novela

Leído: 23 de enero del 2026


jueves, 8 de enero de 2026

Enoch Soames


Enoch Soames (Acantilado, 2026) de Max Beerbohm (Inglaterra, 1872 – Italia, 1956) relato emblemático publicado en español por la editorial europea, se presenta como una pieza narrativa de notable sofisticación intelectual, donde la ironía, la metaficción y la reflexión sobre la posteridad literaria se articulan con precisión formal. Bajo la apariencia de una historia fantástica —el pacto fáustico que permite al protagonista viajar al futuro—, el texto despliega una crítica sutil pero incisiva al narcisismo del escritor, a la ansiedad por el reconocimiento y a la fragilidad del canon.

En el plano temático, el relato gira en torno a la obsesión por la fama póstuma. Enoch Soames, poeta menor y prácticamente ignorado por sus contemporáneos, encarna la figura del artista que concibe la literatura como garantía de inmortalidad. La posibilidad de comprobar su lugar en la historia se convierte en su deseo central; no busca mejorar su obra ni comprender sus límites, sino verificar su permanencia. Beerbohm construye así una sátira del impulso romántico hacia la gloria literaria, mostrando cómo este anhelo se sustenta más en la vanidad que en la conciencia crítica del propio talento.

Formalmente, el relato destaca por su refinado uso de la primera persona y por la inserción del narrador como personaje —guion largo—, recurso que intensifica la dimensión metaficcional del texto. El narrador no solo cuenta la historia de Soames; se implica en ella, la observa con distancia irónica y, al mismo tiempo, se reconoce parte del mismo mundo literario que satiriza. La puntuación, cuidadosamente modulada mediante comas, puntos y comas y dos puntos, contribuye a un tono discursivo elegante, casi conversacional, que contrasta con la gravedad del destino del protagonista.

El elemento fantástico —el viaje al futuro— no funciona como evasión, sino como instrumento crítico. El futuro al que accede Soames no es un espacio de consagración, sino un archivo frío y burocrático: bibliotecas, catálogos, fichas. La literatura, reducida a registro, revela la distancia entre el deseo del autor y el funcionamiento real de la memoria cultural. La constatación de que Soames solo sobrevive como nota marginal, como curiosidad erudita, constituye el núcleo trágico del relato; la ironía, aquí, no anula la melancolía, sino que la afila.

Un aspecto particularmente relevante es la reflexión implícita sobre la autoría y el canon. Beerbohm sugiere que la posteridad no responde a criterios de justicia estética ni a la intensidad del deseo creador; responde a contingencias históricas, a mecanismos de selección opacos y, en ocasiones, arbitrarios. En este sentido, Enoch Soames anticipa debates modernos sobre la construcción del valor literario y la precariedad de la fama. El relato no ofrece consuelo: incluso el pacto con el diablo resulta insuficiente frente a la indiferencia del tiempo.

Desde una perspectiva estilística, el texto se caracteriza por una prosa de gran precisión y economía. No hay excesos descriptivos ni digresiones superfluas; cada detalle contribuye al efecto irónico global. El humor de Beerbohm es seco, elegante, profundamente intelectual; evita la burla explícita y opta por una ironía estructural que emerge del contraste entre las expectativas del protagonista y la realidad que enfrenta. Esta contención refuerza la eficacia crítica del relato.

En conclusión, Enoch Soames de Max Beerbohm es un relato breve de extraordinaria densidad conceptual. A través de una ficción fantástica cuidadosamente construida, el texto examina la vanidad del escritor, la ilusión de la inmortalidad literaria y la lógica implacable de la posteridad. Su vigencia radica en esa lucidez irónica que —lejos de envejecer— se vuelve cada vez más pertinente en un mundo obsesionado con la visibilidad y el reconocimiento. Se trata, en suma, de una obra que combina elegancia formal y profundidad crítica, y que confirma a Beerbohm como un maestro de la ironía literaria.

Puntuación: Buena

Presentación: Muy buena

Género: Relato

Leído: 8 de enero de 2026 

Intimidad



Intimidad (Anagrama, 2008) de Hanif Kureishi (Inglaterra, 1954) novela breve del escritor de origen pakistaní publicada en español por Anagrama, se presenta como un ejercicio narrativo de alta concentración psicológica, centrado en el monólogo interior de un hombre que ha decidido abandonar a su pareja y a sus hijos. Lejos de estructurarse como un relato de acciones, la novela se articula como una exploración discursiva de la conciencia en crisis; el conflicto no se despliega en el exterior, sino en el espacio íntimo —y problemático— del pensamiento.

Desde el punto de vista temático, Intimidad interroga de manera directa las nociones de responsabilidad, deseo y autenticidad. El protagonista justifica su decisión a través de una retórica de la sinceridad consigo mismo: abandonar sería, para él, un gesto de fidelidad a su verdad interior. Sin embargo, Kureishi no valida esta posición; la novela expone sus fisuras. La apelación constante al deseo individual se revela ambigua, incluso narcisista, y entra en tensión con las consecuencias éticas de la elección. Así, el texto se sitúa en un territorio incómodo, donde la libertad personal colisiona con el daño infligido a los otros.

Formalmente, la obra adopta una voz narrativa en primera persona que intensifica la sensación de encierro. El discurso avanza por asociaciones, recuerdos y reflexiones que se encadenan mediante una sintaxis flexible, a veces torrencial; la puntuación —coma, punto y coma, dos puntos— cumple un papel decisivo en la modulación del ritmo, permitiendo que el pensamiento fluya sin convertirse en confesión transparente. El guion largo aparece como recurso de inflexión —marca cortes, aclaraciones o desplazamientos—, reforzando la impresión de una conciencia que se corrige y se contradice a sí misma.

Uno de los ejes más relevantes de la novela es la problematización de la intimidad como espacio moral. Kureishi sugiere que lo íntimo no es un refugio puro ni incontaminado; es, por el contrario, un lugar donde se elaboran justificaciones, donde el lenguaje sirve tanto para comprenderse como para absolverse. El protagonista analiza sus relaciones pasadas, su vida sexual y su rol como padre desde una perspectiva que oscila entre la lucidez y la autoindulgencia. Esta ambivalencia constituye uno de los mayores logros del texto: el lector no puede identificarse plenamente con la voz narradora, pero tampoco puede desestimarla con facilidad.

En el plano ideológico, Intimidad dialoga con una sensibilidad contemporánea marcada por el individualismo tardomoderno. La novela pone en escena un sujeto que concibe la vida como un proyecto de realización personal, incluso a costa de la estabilidad afectiva y familiar. No obstante, Kureishi evita convertir esta posición en una tesis; la somete a desgaste narrativo. A medida que el monólogo avanza, las certezas del narrador se erosionan, y lo que parecía una afirmación de libertad comienza a mostrar su reverso: la soledad, la culpa y la imposibilidad de una ruptura verdaderamente limpia.

Desde una perspectiva crítica, puede afirmarse que Intimidad es una novela deliberadamente incómoda. Su brevedad, su concentración en una sola voz y su negativa a ofrecer redención o aprendizaje final desafían las expectativas narrativas convencionales. No hay catarsis ni cierre moral; hay, más bien, una suspensión ética que obliga al lector a evaluar, sin mediaciones, el discurso del protagonista. Esta estrategia refuerza el carácter perturbador del texto y lo sitúa en una tradición de novelas que examinan la subjetividad masculina sin idealización.

En conclusión, Intimidad de Hanif Kureishi constituye una exploración rigurosa y despiadada de la conciencia individual enfrentada a sus propias decisiones. La novela no juzga ni absuelve; expone. Su potencia reside en la capacidad de mostrar cómo el lenguaje de la autenticidad puede convertirse en un mecanismo de defensa, y cómo la intimidad —lejos de ser un espacio de verdad pura— es también un campo de conflicto, opacidad y responsabilidad. Se trata, en suma, de un texto breve pero denso, cuya fuerza crítica proviene de su negativa a ofrecer consuelo narrativo o moral.

Presentación: Bueno

Puntuación: Bueno

Género: Novela

Leído: 7 de enero del 2026