jueves, 8 de enero de 2026

Enoch Soames


Enoch Soames (Acantilado, 2026) de Max Beerbohm (Inglaterra, 1872 – Italia, 1956) relato emblemático publicado en español por la editorial europea, se presenta como una pieza narrativa de notable sofisticación intelectual, donde la ironía, la metaficción y la reflexión sobre la posteridad literaria se articulan con precisión formal. Bajo la apariencia de una historia fantástica —el pacto fáustico que permite al protagonista viajar al futuro—, el texto despliega una crítica sutil pero incisiva al narcisismo del escritor, a la ansiedad por el reconocimiento y a la fragilidad del canon.

En el plano temático, el relato gira en torno a la obsesión por la fama póstuma. Enoch Soames, poeta menor y prácticamente ignorado por sus contemporáneos, encarna la figura del artista que concibe la literatura como garantía de inmortalidad. La posibilidad de comprobar su lugar en la historia se convierte en su deseo central; no busca mejorar su obra ni comprender sus límites, sino verificar su permanencia. Beerbohm construye así una sátira del impulso romántico hacia la gloria literaria, mostrando cómo este anhelo se sustenta más en la vanidad que en la conciencia crítica del propio talento.

Formalmente, el relato destaca por su refinado uso de la primera persona y por la inserción del narrador como personaje —guion largo—, recurso que intensifica la dimensión metaficcional del texto. El narrador no solo cuenta la historia de Soames; se implica en ella, la observa con distancia irónica y, al mismo tiempo, se reconoce parte del mismo mundo literario que satiriza. La puntuación, cuidadosamente modulada mediante comas, puntos y comas y dos puntos, contribuye a un tono discursivo elegante, casi conversacional, que contrasta con la gravedad del destino del protagonista.

El elemento fantástico —el viaje al futuro— no funciona como evasión, sino como instrumento crítico. El futuro al que accede Soames no es un espacio de consagración, sino un archivo frío y burocrático: bibliotecas, catálogos, fichas. La literatura, reducida a registro, revela la distancia entre el deseo del autor y el funcionamiento real de la memoria cultural. La constatación de que Soames solo sobrevive como nota marginal, como curiosidad erudita, constituye el núcleo trágico del relato; la ironía, aquí, no anula la melancolía, sino que la afila.

Un aspecto particularmente relevante es la reflexión implícita sobre la autoría y el canon. Beerbohm sugiere que la posteridad no responde a criterios de justicia estética ni a la intensidad del deseo creador; responde a contingencias históricas, a mecanismos de selección opacos y, en ocasiones, arbitrarios. En este sentido, Enoch Soames anticipa debates modernos sobre la construcción del valor literario y la precariedad de la fama. El relato no ofrece consuelo: incluso el pacto con el diablo resulta insuficiente frente a la indiferencia del tiempo.

Desde una perspectiva estilística, el texto se caracteriza por una prosa de gran precisión y economía. No hay excesos descriptivos ni digresiones superfluas; cada detalle contribuye al efecto irónico global. El humor de Beerbohm es seco, elegante, profundamente intelectual; evita la burla explícita y opta por una ironía estructural que emerge del contraste entre las expectativas del protagonista y la realidad que enfrenta. Esta contención refuerza la eficacia crítica del relato.

En conclusión, Enoch Soames de Max Beerbohm es un relato breve de extraordinaria densidad conceptual. A través de una ficción fantástica cuidadosamente construida, el texto examina la vanidad del escritor, la ilusión de la inmortalidad literaria y la lógica implacable de la posteridad. Su vigencia radica en esa lucidez irónica que —lejos de envejecer— se vuelve cada vez más pertinente en un mundo obsesionado con la visibilidad y el reconocimiento. Se trata, en suma, de una obra que combina elegancia formal y profundidad crítica, y que confirma a Beerbohm como un maestro de la ironía literaria.

Puntuación: Buena

Presentación: Muy buena

Género: Relato

Leído: 8 de enero de 2026 

Intimidad



Intimidad (Anagrama, 2008) de Hanif Kureishi (Inglaterra, 1954) novela breve del escritor de origen pakistaní publicada en español por Anagrama, se presenta como un ejercicio narrativo de alta concentración psicológica, centrado en el monólogo interior de un hombre que ha decidido abandonar a su pareja y a sus hijos. Lejos de estructurarse como un relato de acciones, la novela se articula como una exploración discursiva de la conciencia en crisis; el conflicto no se despliega en el exterior, sino en el espacio íntimo —y problemático— del pensamiento.

Desde el punto de vista temático, Intimidad interroga de manera directa las nociones de responsabilidad, deseo y autenticidad. El protagonista justifica su decisión a través de una retórica de la sinceridad consigo mismo: abandonar sería, para él, un gesto de fidelidad a su verdad interior. Sin embargo, Kureishi no valida esta posición; la novela expone sus fisuras. La apelación constante al deseo individual se revela ambigua, incluso narcisista, y entra en tensión con las consecuencias éticas de la elección. Así, el texto se sitúa en un territorio incómodo, donde la libertad personal colisiona con el daño infligido a los otros.

Formalmente, la obra adopta una voz narrativa en primera persona que intensifica la sensación de encierro. El discurso avanza por asociaciones, recuerdos y reflexiones que se encadenan mediante una sintaxis flexible, a veces torrencial; la puntuación —coma, punto y coma, dos puntos— cumple un papel decisivo en la modulación del ritmo, permitiendo que el pensamiento fluya sin convertirse en confesión transparente. El guion largo aparece como recurso de inflexión —marca cortes, aclaraciones o desplazamientos—, reforzando la impresión de una conciencia que se corrige y se contradice a sí misma.

Uno de los ejes más relevantes de la novela es la problematización de la intimidad como espacio moral. Kureishi sugiere que lo íntimo no es un refugio puro ni incontaminado; es, por el contrario, un lugar donde se elaboran justificaciones, donde el lenguaje sirve tanto para comprenderse como para absolverse. El protagonista analiza sus relaciones pasadas, su vida sexual y su rol como padre desde una perspectiva que oscila entre la lucidez y la autoindulgencia. Esta ambivalencia constituye uno de los mayores logros del texto: el lector no puede identificarse plenamente con la voz narradora, pero tampoco puede desestimarla con facilidad.

En el plano ideológico, Intimidad dialoga con una sensibilidad contemporánea marcada por el individualismo tardomoderno. La novela pone en escena un sujeto que concibe la vida como un proyecto de realización personal, incluso a costa de la estabilidad afectiva y familiar. No obstante, Kureishi evita convertir esta posición en una tesis; la somete a desgaste narrativo. A medida que el monólogo avanza, las certezas del narrador se erosionan, y lo que parecía una afirmación de libertad comienza a mostrar su reverso: la soledad, la culpa y la imposibilidad de una ruptura verdaderamente limpia.

Desde una perspectiva crítica, puede afirmarse que Intimidad es una novela deliberadamente incómoda. Su brevedad, su concentración en una sola voz y su negativa a ofrecer redención o aprendizaje final desafían las expectativas narrativas convencionales. No hay catarsis ni cierre moral; hay, más bien, una suspensión ética que obliga al lector a evaluar, sin mediaciones, el discurso del protagonista. Esta estrategia refuerza el carácter perturbador del texto y lo sitúa en una tradición de novelas que examinan la subjetividad masculina sin idealización.

En conclusión, Intimidad de Hanif Kureishi constituye una exploración rigurosa y despiadada de la conciencia individual enfrentada a sus propias decisiones. La novela no juzga ni absuelve; expone. Su potencia reside en la capacidad de mostrar cómo el lenguaje de la autenticidad puede convertirse en un mecanismo de defensa, y cómo la intimidad —lejos de ser un espacio de verdad pura— es también un campo de conflicto, opacidad y responsabilidad. Se trata, en suma, de un texto breve pero denso, cuya fuerza crítica proviene de su negativa a ofrecer consuelo narrativo o moral.

Presentación: Bueno

Puntuación: Bueno

Género: Novela

Leído: 7 de enero del 2026  

jueves, 25 de diciembre de 2025

Estratagema en claroscuro

 


Estratagema en claroscuro (INC, 1986) de Magdalena Chocano (Lima, 1957), reúne los poemas de 1983-1986, se configura como un proyecto poético de alta densidad reflexiva, en el que la escritura asume el carácter de una operación estratégica: pensar, decir y callar se articulan como movimientos calculados dentro de un campo de tensiones y de incertidumbre que otorga su lenguaje poético. Por ello, el título orienta la lectura desde el inicio; “estratagema” remite a una acción consciente, incluso defensiva, mientras que “claroscuro” señala una poética de contrastes, de zonas iluminadas y opacas que coexisten sin resolverse en una síntesis unívoca.

En conclusión, el poemario de Magdalena Chocano se presenta como un libro de madurez intelectual y formal. La poesía se concibe aquí como una práctica estratégica del lenguaje, capaz de iluminar sin negar la sombra. Por ello, el valor del poemario reside en esa fidelidad a la complejidad: una escritura que no simplifica lo real, sino que lo aborda desde la tensión productiva entre claridad y oscuridad, entre decir y callar, entre saber y duda.

Puntuación: Bueno

Presentación: Bueno

Género: Poesía

Leído: 30 de octubre del 2025

Poesía a ciencia incierta

 


Poesía a ciencia incierta (Safo ediciones, 1983) de Magdalena Chocano (Lima, 1957), ganó Los juegos florales de 1982 de la UNMSM, se propone como un proyecto poético que interroga los límites del conocimiento y del decir lírico; su título, ya programático, establece una tensión entre la aspiración a la certeza y el reconocimiento de la incertidumbre como condición constitutiva de la experiencia. El poemario no persigue una síntesis tranquilizadora; por el contrario, asume la duda como método y como ética de escritura, situando la poesía en un espacio de fricción entre saber, percepción y lenguaje. En torno a las imágenes —precisas, contenidas, a veces de una sobriedad casi ascética— funcionan como puntos de anclaje que devuelven el pensamiento al mundo material. La observación de objetos, gestos y situaciones concretas permite que la abstracción no se desligue de lo vivido. En este cruce entre reflexión y experiencia, la poesía de Chocano construye una voz que piensa sin abandonar la percepción, que duda sin renunciar a la atención.

Puntuación: Bueno

Presentación: Bueno

Género: Poesía

Leído: 30 de octubre del 2015

Placer fantasma

 

Placer fantasma (Asociación peruano japonesa del Perú, 1992) de Mariela Dreyfus (Lima, 60), se hizo merecedor del II Concurso de Poesía 1992 del Centro cultural peruano japonés, texto que configura un ejercicio poético de exploración del deseo en su dimensión residual y espectral; no como plenitud, sino como huella, como resto que persiste más allá del cuerpo y de la experiencia inmediata. El poemario se inscribe en una poética de la ausencia: el placer no aparece como acontecimiento estable, sino como memoria corporal, como eco que retorna y desestabiliza la noción de presencia. Desde este punto de partida, el texto propone una reflexión crítica sobre la relación entre erotismo, lenguaje y subjetividad.

Por otro lado, el cuerpo, en Placer fantasma, no es una entidad transparente. Aparece como superficie de inscripción del deseo, pero también como espacio de pérdida. La voz poética no habla desde la certeza del goce, sino desde su desplazamiento; el cuerpo recuerda, pero no retiene: “Mi piel se extiende en su brillo y se devora”. En este sentido, la escritura de Dreyfus construye una corporalidad atravesada por la temporalidad: el placer se inscribe y se borra, deja marcas que el lenguaje intenta —sin éxito pleno— fijar. Esta tensión entre inscripción y borradura es uno de los ejes más productivos del libro.

Placer fantasma es un poemario que aborda el deseo desde una perspectiva crítica y contenida, donde el cuerpo, la memoria y el lenguaje se entrelazan en una dinámica de presencia y ausencia. Mariela Dreyfus propone una escritura que no promete restitución ni plenitud; ofrece, en cambio, una exploración lúcida del placer como experiencia que persiste solo en su desaparición. La potencia del libro reside en esa tensión sostenida, en esa fidelidad a lo inestable que define tanto al deseo como a la palabra poética.

Puntuación: Bueno

Presentación: Bueno

Género: Poesía

Leído: 23 de octubre del 2025

Memorias de Electra

 


Memorias de Electra (Orellana & Orellana editores, 1984) de Mariela Dreyfus (Lima, 1960) se inscribe en una línea de reescritura crítica del mito clásico desde una perspectiva contemporánea y feminista; no como mera actualización temática, sino como una operación de desmontaje simbólico que interroga las matrices de poder, la genealogía del deseo y la violencia inscrita en la memoria cultural. El poemario no busca restituir la figura trágica en su forma original, sino fracturarla; Electra aparece como archivo, como resto y como voz que recuerda desde un cuerpo atravesado por la historia: “Benditas sean las muchachas/ que usan rouge y rimmel/ beben vino con altos oficiales…”

Enel plano temático, el mito funciona como dispositivo y no como ornamento. Electra no es solo hija, hermana o vengadora: es sujeto de memoria que articula una subjetividad escindida entre la herencia patriarcal y la necesidad de una palabra propia. Dreyfus desplaza el eje de la venganza hacia el recuerdo; la memoria, más que el acto, se convierte en el espacio de conflicto. Así, el poemario problematiza la transmisión del trauma —familiar, simbólico y cultural—, planteando que la repetición del mito es también una forma de violencia, pero que su reescritura puede devenir gesto crítico.

Formalmente, el libro se caracteriza por una escritura fragmentaria y tensional. El verso se presenta a menudo quebrado, con cortes abruptos y silencios significativos; el uso de encabalgamientos, pausas internas y desplazamientos sintácticos genera una prosodia irregular que reproduce el carácter dislocado de la memoria. La voz poética no avanza de manera lineal; se interrumpe, se repliega y retorna, como si cada afirmación estuviera atravesada por la sospecha de su propia insuficiencia. En este sentido, la forma no ilustra el contenido, sino que lo encarna.

Un rasgo central del poemario es la corporalidad del lenguaje. El cuerpo femenino aparece como lugar de inscripción del mito y, a la vez, como espacio de resistencia. No se trata de una corporalidad idealizada; es un cuerpo herido, deseante, a veces opaco, que habla desde la fisura. El lenguaje, entonces, asume una función ambivalente: nombra la herida, pero también evidencia sus límites; dice y, al mismo tiempo, muestra lo indecible. Este gesto sitúa la escritura de Dreyfus en una tradición crítica que entiende la poesía como campo de fricción entre experiencia y representación.

Asimismo, Memorias de Electra establece un diálogo implícito con discursos psicoanalíticos y filosóficos —especialmente en torno a la figura de Electra como construcción simbólica del deseo femenino—, aunque sin subordinarse a ellos. El poemario no teoriza; dramatiza. La memoria aquí no es un ejercicio de reconstrucción fiel del pasado, sino una práctica de relectura que desestabiliza los relatos heredados. El yo poético se configura como una instancia que recuerda para interrogar, no para reconciliar.

Desde una perspectiva crítica, puede afirmarse que el libro asume el riesgo de una escritura exigente, poco complaciente con el lector. La densidad simbólica, la fragmentación discursiva y la insistencia en la herida pueden generar una experiencia de lectura tensa; sin embargo, es precisamente en esa tensión donde reside su potencia. El poemario no ofrece clausura ni redención —guion largo—, ofrece, más bien, una persistencia del conflicto como forma de lucidez.

Debo concluir afirmando que Memorias de Electra es un texto que articula mito, memoria y cuerpo en un proyecto poético de alta densidad crítica. Mariela Dreyfus propone una reescritura que no busca salvar a Electra, sino escucharla; no como figura ejemplar, sino como voz atravesada por la historia y el lenguaje. El resultado es un poemario que interroga la tradición desde sus fisuras y que confirma la poesía como un espacio privilegiado para pensar —con rigor y con riesgo— la relación entre memoria, poder y subjetividad.

Puntuación: Bueno

Presentación: Bueno

Género: Poesía

Leído: 23 de octubre del 2025

Poesía reunida



Poesía reunida (Lumen, 2014) de Philip Larkin (Inglaterra, 1922-1985) permite una lectura panorámica y rigurosa de una de las voces más singulares de la poesía inglesa del siglo XX; no se trata solo de una compilación cronológica, sino de la exposición coherente de un proyecto poético sostenido en el tiempo, marcado por la desconfianza hacia las ilusiones modernas, la atención minuciosa a la experiencia ordinaria y una ética del lenguaje basada en la precisión y la contención.

Desde una perspectiva temática, la poesía de Larkin se articula en torno a núcleos persistentes: la conciencia del paso del tiempo, la frustración de las expectativas vitales, la erosión de los vínculos afectivos y la certeza de la muerte. Estos motivos no aparecen formulados de manera grandilocuente; por el contrario, se encarnan en escenas domésticas, espacios urbanos anodinos y gestos mínimos —estaciones de tren, habitaciones alquiladas, oficinas, iglesias vacías—, lo que refuerza una poética de lo cotidiano que evita deliberadamente cualquier forma de trascendentalismo. En este sentido, la obra reunida confirma que Larkin no propone una metafísica alternativa, sino una mirada lúcida, a menudo incómoda, sobre la vida común tal como es vivida y recordada.

En el plano formal, Poesía reunida evidencia una notable coherencia estilística. El verso de Larkin es claro, discursivo y rítmicamente controlado; la sintaxis suele avanzar de manera argumentativa, con un uso estratégico de la pausa y del encabalgamiento, que conduce al lector hacia cierres contundentes. Estos finales —frecuentemente irónicos o desoladores— funcionan como núcleos de condensación semántica: allí, el poema revela su sentido último, a veces en una sola línea, a veces en una imagen seca y definitiva. El lenguaje, lejos de la ornamentación, privilegia la exactitud léxica y la inteligibilidad; esta aparente sencillez, sin embargo, es el resultado de una elaboración técnica rigurosa.

Un aspecto central que emerge al leer el conjunto es la tensión entre escepticismo y necesidad de significado. Larkin descree de las grandes narrativas —el progreso, la religión, el amor romántico como salvación—, pero no celebra ese descreimiento; lo presenta como una condición histórica y personal que genera melancolía, irritación y, en ocasiones, una amarga lucidez. Así, su poesía no es cínica en un sentido superficial, sino trágica en un registro bajo: reconoce la pobreza simbólica del mundo moderno y, al mismo tiempo, la imposibilidad de abandonarlo. El tono que resulta de esta tensión es característico: sobrio, irónico, a veces áspero; rara vez consolador.

La edición de Lumen, al reunir la totalidad de su obra poética, permite apreciar la continuidad de esta mirada y también sus variaciones internas. Aunque no se observa una evolución hacia la esperanza o la reconciliación, sí se percibe una mayor depuración expresiva y una intensificación de los temas finales —la vejez, la memoria, la muerte—, tratados con una franqueza que rehúye el sentimentalismo. La acumulación de poemas refuerza la impresión de un universo cerrado y coherente, donde cada texto dialoga con los otros y confirma una misma postura ética frente al lenguaje y la experiencia.

En conclusión, Poesía reunida de Philip Larkin constituye un corpus fundamental para comprender una forma de modernidad poética basada en la renuncia a la ilusión y en la fidelidad a lo real; su valor no radica en la promesa de consuelo, sino en la precisión con que nombra la incomodidad de existir. Leer a Larkin —en conjunto, sin fragmentaciones— es enfrentarse a una poesía que no embellece la vida, pero tampoco la falsea; una poesía que, desde su sobriedad extrema, mantiene intacta su potencia crítica.

Puntuación: Bueno

Presentación: Bueno

Género: Poesía

Leído: 25 de diciembre del 2025