Sitio (Cuadernos de hipocampo, 1979) de Juan
Bullitta, límeño, nacido el 16 de febrero de 1944 y fallecido (suicidio) en Pisco,
1990, el poeta fue fundador y animador de la revista Hablemos de Cine,
organizador de los cine clubes de la Universidad Católica y de la Universidad
Nacional Mayor de San Marcos, destacado crítico cinematográfico del diario
Correo entre los años 75-77, autor de Zoológico, uno de los mejores cortos
nacionales en la década de los setenta y de los poemarios Sitio (1979) y
Arreglo de Cuentas (1990).
Amante de las matinés, Juan Manuel dejó regados
también afiches, fotos, una extraordinaria memoria fílmica y algunos versos
inéditos: «Husmeo en la noche su campamento y afino el oído / bajo la lluvia de
fuego de los poemas / descubro que se trata de no bajar la guardia / cuando nos
brote ternura nostalgia / no ceder un milímetro la estepa la pradera el río la
montaña / juiciosos sembrar vientos destinado tempestades / permanecer
vigilantes alertas / armados primitivamente hasta los dientes / felinos los
reflejos / tensos los músculos como el arco listo a disparar la flecha /
mientras nuestro entrenamiento superior consista / en hacer el amor con
imaginación y destreza» (Palabras de Eloy Jauregui)
Juan Manuel Bullitta se inclinó tarde a la experiencia
poética, pero, a pesar de ello, puedo captar el aire de su tiempo. Recordemos
que la poesía conversacional se consolidó en el Perú durante la década de 1970 y
representó una de las transformaciones más importantes de la lírica peruana
contemporánea. Además, significó una ruptura con ciertas tendencias
esteticistas, simbolistas y herméticas que habían dominado parte de la
tradición anterior. Su principal apuesta consistió en acercar el lenguaje
poético a la oralidad cotidiana, a la experiencia urbana y a los conflictos
sociales de una sociedad que atravesaba profundas transformaciones políticas y
culturales, todo lo mencionado se encuentra en su primer libro del poeta en un
acto de inocencia y presagio.
Desde una perspectiva estética, la poesía
conversacional buscó aproximarse a la lengua hablada: “no te metas el dedo en
la nariz/ muchacho/ quita el dedo de la nariz…”. El poema incorporó expresiones
coloquiales, referencias a la vida cotidiana, humor, ironía y elementos
narrativos: “hay que portarse bien con todos/ en la iglesia especialmente/
cuando hay visitas siempre/ con los mayores con respeto/ con los ancianos por
consideración…”. El poeta dejó de presentarse como una figura oracular o
excepcional para asumir la voz de un ciudadano inmerso en los problemas de su
tiempo. Esta transformación amplió el público potencial de la poesía y
cuestionó la idea de que la complejidad literaria dependía necesariamente de la
oscuridad expresiva.
Entre las influencias más importantes pueden
mencionarse las propuestas de Nicanor Parra, la poesía de Ernesto Cardenal y
ciertas vertientes de la poesía norteamericana contemporánea. Sin embargo, la
poesía conversacional peruana, incluida la de Bullitta, desarrolló
características propias: la experiencia urbana de Lima, las tensiones sociales
y la emergencia de nuevas sensibilidades juveniles otorgaron a esta corriente
una identidad particular.
Desde mi análisis crítico, uno de los mayores logros
de la poesía conversacional fue democratizar el lenguaje poético. La
incorporación de registros cotidianos permitió representar experiencias que
habían permanecido relativamente marginadas dentro de la tradición literaria.
El poema comenzó a hablar de calles, barrios, conflictos laborales, amistades,
relaciones sentimentales y acontecimientos políticos sin recurrir
necesariamente a una retórica elevada. Esta apertura enriqueció
considerablemente el campo poético peruano y es lo que se vio influenciado el
poeta: “1 de Mayo sin eco/ al triste parlante proletario del mercado/ ahogado/
por el rugiente bramido de mi soledad/ ensañada en abrazar a otra/ al margen de
las banderas rojas”.
Sin embargo, la corriente también presentó
limitaciones. En algunos autores y textos, la búsqueda de comunicación
inmediata derivó en una excesiva proximidad con la prosa; el poema perdió
densidad simbólica y se convirtió en una especie de crónica versificada como
algunos poemarios de Tulio Mora, por ejemplo. Asimismo, la fuerte presencia de
referencias coyunturales provocó que ciertos textos envejecieran con rapidez, cuando
la dimensión política o testimonial predominaba sobre la elaboración estética,
la poesía corría el riesgo de transformarse en documento antes que en obra
literaria.
Otra dificultad residió en la frecuente identificación
entre claridad y calidad. Algunos sectores interpretaron que toda complejidad
formal debía ser rechazada por considerarla elitista; esta postura condujo,
ocasionalmente, a una simplificación excesiva del trabajo poético, en esta sentencia
puedo dar como ejemplos muchos textos de Enrique Verástegui. Por ello, medito
que la mejor poesía conversacional peruana logró evitar este problema:
En definitiva, la poesía conversacional peruana de los
años setenta fue una corriente renovadora, necesaria y profundamente influyente
y que se vio reflejada en la poesía de Bullitta, pero con la particularidad de
la sencillez y la inocencia: “Estoy de lado del corazón/ desvelando el año que
abre juego, y amos a apostar fuerte”. Además, contribuyó a desmontar ciertos
privilegios culturales de la tradición literaria y acercó la poesía a la
experiencia cotidiana. Juan Manuel Bullitta y los mejores representantes de su
generación demostraron que la conversación, la oralidad y el lenguaje común
podían convertirse en instrumentos de alta elaboración estética. Sus excesos
—el prosaísmo, la coyunturalidad o el didactismo— no disminuyen la relevancia
histórica de una corriente que transformó de manera decisiva el panorama
poético peruano contemporáneo.
Presentación: Bueno
Puntuación: Bueno
Género: Lírico
Leído: 11 de marzo del 2026