Quien
ha vivido en el infierno -y no rondado- puede entender la poesía de Jaime Urco
(1952). “Poca Luz en el bar y otros poemas”
(1995), merecedor del premio Asociación cultural Japonesa del Perú (1995), nos
hace entender que la poesía y la vida es un monstruo de dos cuerpos que tiene
solo una cabeza. Libro extenso, que el autor (me) confiesa que le demoro diez
años en escribirla, y que solo transita –apocalípticamente- en un solo tema: el
alcohol. Lo que se desprende de ahí son consecuencias que toda esa vida
apátrida te puede ocasionar. El tema de la familia, la identidad de un pueblo
(Perú), el suicidio, la soledad, la mujer; todo ello, con una inyección de
reflexión pesimista, que se desprenden, insistentemente, en este cataclismo que
nos aproxima a la nada. Urco nos plantea un libro arriesgado, como a la vez
sencillo, con un vacío profundo –a lo Camus, Sartre, Hesse- sobre la condición
humana. ¿Cuántas noches, inconciencias, calles solitarias, mujeres, bares
atestados de fracasados, le costo para escribir este libro iluminador? No lo
sé, pero siento el olor – en sus páginas- a sobaco, arcilla, cigarro, cerveza
helada, mesa de madera, silencio, la nada. “Como cualquier hijo de vecino has
pensado en volarte la/ tapa de los sesos/ aunque en honor a la verdad/ no haya
más arma que tus solas ganas…” Urco me hace entender que la vida no vale nada y
que el alcohol será el refugio eterno del hombre buscando –mordiéndose su
homínida cola- lo que nunca tendrá respuesta. Será este éxtasis extraño que nos
afrenta a una verdad del ser humano, el único momento donde somos hombres y
podemos decir lo que sentimos y maldecimos: “estoy quebrado/ sigo mi camino/
nuevamente en una esquina soy el lector del kiosco/ mis ojos no pueden creer
todo lo que ha podido ocurrir en/ un único día peor pienso más y digo/ no es un
único día/ es la joda de años y años…”
La
estructura del libro está definida en cuatro partes: “Bajo el volcan” - título
tomado de la novela de Malcolm Lowry-, “el mundo al revés”, “entre idas y
venidas” y “el reino de este mundo –clara intensión de parafrasear la novela de
Carpentier-. El primer bloque nos plantea el itinerario del yo poético que debe
transitar, ahí son comunes el bar, la cama, el sofá, la familia, el tema de
abandono de la mujer o la soledad. En el segundo apartado teoriza sobre su
condición de un desarraigado, sobre ese yo que ya no el yo, es un yo
vilipendiado sin historia: “el sol sigue ahí/ arriba/ y entiendo que la piel
que lo recibe tiene historia/ y una cosa era Wiracocha besado por el dios padre
sol/ y otra yo...” “Entre idas y venidas” es la mirada de lo que era el
yo/borracho que no es pero quiere serlo, ese yo condenado que lo persigue y lo
atormenta: “quiero volver a ese lugar donde habría la panza / y el maná caía
sin preguntar horas ayunos compañías…” “El reino de este mundo” parte de la
idea del yo presente de su construcción como persona –pasado- que se desprende
de una nación que para él es desconocida: “la venganza es inútil/ ya no somos
inmortales hijos del sol padre Wiracocha/ ni tampoco cartesianos hegelianos”
Urco nos envuelve en ese infierno que muchos hemos transitado, en el declive de
negarnos como seres sociales, encorbatados y moralista. Sus letras queman en la
boca, hierven, te escupen, te hacen entender que nada de lo que has vivido en
tu mesa –con sus tres cervezas- se compara a su infierno, porque el demonio que
se encuentra embotellado es el peor de todos: la soledad. Salud poeta.
Puntuación: Muy bueno
Presentación: Regular
Género: Poesía
Leído: 20 de Agosto del 2009
1 comentario:
Te felicito Josue por este blog, sigue adelante. Abrazos, Julia (si puedes pon un libro de visitas)
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