martes, 19 de mayo de 2026

El hacedor (de Borges), remake

  

El hacedor (de Borges), remake (Alfaguara, 2011) de Agustín Fernández Mallo (La Coruña, 1967) constituye una de las intervenciones más polémicas y significativas dentro de la literatura hispánica contemporánea; el libro no debe entenderse únicamente como homenaje o reescritura de Jorge Luis Borges, sino como una operación estética y conceptual que problematiza las nociones de autoría, originalidad y circulación textual en la cultura contemporánea. Fernández Mallo toma como punto de partida El hacedor borgiano para construir un artefacto literario híbrido, atravesado por la lógica de la apropiación, el montaje y la reconfiguración posmoderna del archivo cultural.

Desde el punto de vista estructural, el libro reproduce parcialmente la disposición fragmentaria del texto original de Borges; sin embargo, cada fragmento es desplazado hacia un nuevo contexto histórico y simbólico. La operación del “remake” —término deliberadamente tomado del lenguaje cinematográfico— funciona aquí como principio compositivo: no se trata de copiar, sino de reinscribir materiales previos dentro de otra sensibilidad cultural. Fernández Mallo reemplaza la solemnidad metafísica borgiana por una estética marcada por la cultura de masas, la tecnología, la velocidad informativa y la hiperconectividad contemporánea.

Uno de los aspectos más relevantes del libro es su reflexión implícita sobre la muerte de la originalidad. El hacedor (de Borges), remake asume que toda escritura contemporánea surge de textos anteriores; el autor ya no aparece como creador absoluto, sino como operador cultural que reorganiza signos preexistentes. Esta perspectiva dialoga con teorías posmodernas sobre la intertextualidad y el agotamiento de las formas tradicionales de autoría. No obstante, Fernández Mallo no se limita a ilustrar estas ideas; las incorpora en la estructura misma del libro. El texto funciona como laboratorio de reescrituras, citas y desplazamientos.

Formalmente, la obra despliega una escritura heterogénea y fragmentaria. Conviven narración breve, reflexión ensayística, anotación cultural y experimentación verbal; la puntuación —coma, punto y coma, dos puntos— organiza un flujo discursivo que oscila entre la precisión conceptual y la dispersión asociativa. El guion largo introduce interrupciones y desvíos —como si el propio pensamiento estuviera constantemente contaminado por otras voces, referencias e imágenes—, reforzando la lógica rizomática del conjunto. Esta estructura fragmentaria refleja adecuadamente la experiencia contemporánea de saturación informativa y discontinuidad perceptiva.

Sin embargo, uno de los problemas críticos del libro reside precisamente en esa dependencia del gesto conceptual. En varios pasajes, la operación de reescritura parece imponerse sobre la densidad literaria del texto; el lector percibe con claridad el mecanismo intelectual del “remake”, pero no siempre encuentra una intensidad estética equivalente. La conciencia intertextual, aunque estimulante desde el punto de vista teórico, puede derivar en una escritura excesivamente autorreferencial. Algunos fragmentos producen la impresión de funcionar más como comentario cultural que como experiencia literaria plenamente lograda.

La relación con Borges resulta especialmente compleja. Fernández Mallo no intenta imitar el estilo borgiano; evita deliberadamente la réplica formal. Sin embargo, el peso simbólico de Borges atraviesa todo el libro y genera una tensión inevitable: mientras el escritor argentino trabajaba la erudición desde una extrema economía y precisión conceptual, El hacedor (de Borges), remake apuesta por la proliferación, la contaminación de registros y la expansión referencial. El contraste revela dos modelos de textualidad: uno basado en la condensación; otro, en la circulación incesante de signos culturales.

Desde una perspectiva ideológica, el libro puede leerse como una respuesta a las transformaciones del capitalismo cultural contemporáneo. La noción misma de “remake” remite a una lógica de reproducción y reciclaje característica de las industrias culturales actuales; Fernández Mallo traslada esa lógica al campo literario para interrogar los límites entre creación y reproducción. La literatura aparece así inserta en un ecosistema mediático donde las fronteras entre alta cultura y cultura popular se vuelven inestables.

En conclusión, El hacedor (de Borges), remake de Agustín Fernández Mallo es una obra de notable interés conceptual y de considerable ambición estética, aunque irregular en sus resultados literarios. El libro propone una reflexión aguda sobre la escritura en la era de la reproducción cultural; cuestiona la idea romántica de originalidad y transforma la reescritura en método creativo. Su valor reside menos en la perfección formal de cada fragmento que en la radicalidad de su gesto crítico: convertir a Borges —símbolo de la tradición literaria moderna— en materia mutable, reciclable y abierta a nuevas configuraciones textuales.

Presentación: Bueno

Puntuación: Bueno

Género: Relatos

Leído: 18 de mayo del 2026

 

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