El hacedor (de Borges),
remake (Alfaguara, 2011)
de Agustín Fernández Mallo (La Coruña, 1967) constituye una de las
intervenciones más polémicas y significativas dentro de la literatura hispánica
contemporánea; el libro no debe entenderse únicamente como homenaje o
reescritura de Jorge Luis Borges, sino como una operación estética y conceptual
que problematiza las nociones de autoría, originalidad y circulación textual en
la cultura contemporánea. Fernández Mallo toma como punto de partida El
hacedor borgiano para construir un artefacto literario híbrido, atravesado
por la lógica de la apropiación, el montaje y la reconfiguración posmoderna del
archivo cultural.
Desde el punto de vista estructural, el libro
reproduce parcialmente la disposición fragmentaria del texto original de
Borges; sin embargo, cada fragmento es desplazado hacia un nuevo contexto
histórico y simbólico. La operación del “remake” —término deliberadamente
tomado del lenguaje cinematográfico— funciona aquí como principio compositivo:
no se trata de copiar, sino de reinscribir materiales previos dentro de otra
sensibilidad cultural. Fernández Mallo reemplaza la solemnidad metafísica
borgiana por una estética marcada por la cultura de masas, la tecnología, la
velocidad informativa y la hiperconectividad contemporánea.
Uno de los aspectos más relevantes del libro es su
reflexión implícita sobre la muerte de la originalidad. El hacedor (de
Borges), remake asume que toda escritura contemporánea surge de textos
anteriores; el autor ya no aparece como creador absoluto, sino como operador
cultural que reorganiza signos preexistentes. Esta perspectiva dialoga con
teorías posmodernas sobre la intertextualidad y el agotamiento de las formas
tradicionales de autoría. No obstante, Fernández Mallo no se limita a ilustrar
estas ideas; las incorpora en la estructura misma del libro. El texto funciona
como laboratorio de reescrituras, citas y desplazamientos.
Formalmente, la obra despliega una escritura
heterogénea y fragmentaria. Conviven narración breve, reflexión ensayística,
anotación cultural y experimentación verbal; la puntuación —coma, punto y coma,
dos puntos— organiza un flujo discursivo que oscila entre la precisión
conceptual y la dispersión asociativa. El guion largo introduce interrupciones
y desvíos —como si el propio pensamiento estuviera constantemente contaminado
por otras voces, referencias e imágenes—, reforzando la lógica rizomática del
conjunto. Esta estructura fragmentaria refleja adecuadamente la experiencia
contemporánea de saturación informativa y discontinuidad perceptiva.
Sin embargo, uno de los problemas críticos del libro reside
precisamente en esa dependencia del gesto conceptual. En varios pasajes, la
operación de reescritura parece imponerse sobre la densidad literaria del
texto; el lector percibe con claridad el mecanismo intelectual del “remake”,
pero no siempre encuentra una intensidad estética equivalente. La conciencia
intertextual, aunque estimulante desde el punto de vista teórico, puede derivar
en una escritura excesivamente autorreferencial. Algunos fragmentos producen la
impresión de funcionar más como comentario cultural que como experiencia
literaria plenamente lograda.
La relación con Borges resulta especialmente compleja.
Fernández Mallo no intenta imitar el estilo borgiano; evita deliberadamente la
réplica formal. Sin embargo, el peso simbólico de Borges atraviesa todo el
libro y genera una tensión inevitable: mientras el escritor argentino trabajaba
la erudición desde una extrema economía y precisión conceptual, El hacedor
(de Borges), remake apuesta por la proliferación, la contaminación de
registros y la expansión referencial. El contraste revela dos modelos de
textualidad: uno basado en la condensación; otro, en la circulación incesante
de signos culturales.
Desde una perspectiva ideológica, el libro puede
leerse como una respuesta a las transformaciones del capitalismo cultural
contemporáneo. La noción misma de “remake” remite a una lógica de reproducción
y reciclaje característica de las industrias culturales actuales; Fernández
Mallo traslada esa lógica al campo literario para interrogar los límites entre
creación y reproducción. La literatura aparece así inserta en un ecosistema
mediático donde las fronteras entre alta cultura y cultura popular se vuelven
inestables.
En conclusión, El hacedor (de Borges), remake
de Agustín Fernández Mallo es una obra de notable interés conceptual y de
considerable ambición estética, aunque irregular en sus resultados literarios.
El libro propone una reflexión aguda sobre la escritura en la era de la
reproducción cultural; cuestiona la idea romántica de originalidad y transforma
la reescritura en método creativo. Su valor reside menos en la perfección
formal de cada fragmento que en la radicalidad de su gesto crítico: convertir a
Borges —símbolo de la tradición literaria moderna— en materia mutable,
reciclable y abierta a nuevas configuraciones textuales.
Presentación: Bueno
Puntuación: Bueno
Género: Relatos
Leído: 18 de mayo del 2026
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