Eucaristía
(Ediciones Tse Tse, 2003)
de Roger Santivañez (Piura, 1956) constituye un poemario de alta intensidad
verbal y simbólica, donde la experiencia poética se articula a partir de una
compleja convergencia entre misticismo, corporalidad y disolución subjetiva, siempre
presente en sus poemarios anteriores. El título del libro resulta decisivo para
comprender su horizonte temático: la “eucaristía”, entendida en la tradición
cristiana como acto de comunión y transubstanciación, es desplazada hacia una
dimensión poética y sensorial; el lenguaje se convierte en materia ritual, y el
poema, en espacio de transformación.
Desde el punto de vista temático, el libro explora la
tensión entre lo sagrado y lo corporal. Santiváñez no reproduce un discurso
religioso ortodoxo; más bien, reapropia imágenes litúrgicas y referencias
espirituales para construir una poética del deseo, del exceso y de la pérdida.
Lo divino aparece contaminado por lo erótico, mientras que el cuerpo adquiere
resonancias sacrificiales y místicas: “Mi deseo se troca en agravante/ el
pulcro rin de la mañana”. Esta fusión produce un efecto de inestabilidad
simbólica: la experiencia espiritual deja de ser trascendente en sentido
tradicional y se encarna en la materialidad del lenguaje y del deseo.
Formalmente, Eucaristía despliega una escritura
fragmentaria y musical. El verso avanza mediante asociaciones libres, rupturas
sintácticas y desplazamientos semánticos; la linealidad discursiva se fractura
constantemente, desde la tradición española. Uno de los rasgos más significativos del
poemario es la centralidad de la sonoridad. En Santiváñez, la palabra no opera
únicamente como signo semántico; posee una dimensión física y rítmica que
condiciona la lectura. Repeticiones, aliteraciones y variaciones fonéticas
construyen una textura verbal que privilegia la experiencia acústica del poema.
Esta insistencia en la materialidad sonora aproxima Eucaristía a ciertas
tradiciones neobarrocas, siempre presente en su obra, y experimentales
latinoamericanas, donde el lenguaje se vuelve un campo autónomo de energía y
proliferación.
La subjetividad que emerge en el libro aparece
profundamente fragmentada. El yo poético no se presenta como conciencia estable
o confesional; se diluye en imágenes, visiones y restos discursivos. Esta
desarticulación del sujeto puede leerse como una respuesta a la crisis de las
identidades modernas y a la imposibilidad de construir una experiencia
unificada del mundo. Sin embargo, el poemario no convierte esa crisis en pura
negatividad; la transforma en impulso creativo. La fragmentación se vuelve
principio compositivo y fuente de intensidad estética.
Asimismo, Eucaristía establece un diálogo
implícito con la tradición literaria y cultural peruana en el plano del
lenguaje y cultural. Aunque el libro se inscribe en una sensibilidad
contemporánea y experimental, también recupera ecos de la poesía mística, del
simbolismo y de ciertas vanguardias hispanoamericanas. Santiváñez no trabaja
desde la cita explícita o erudita; incorpora esas resonancias en el flujo mismo
de la escritura, produciendo un tejido textual donde distintas temporalidades
culturales convergen y se tensionan: “Portio mea lamo el túnel grace plena/
Pétalo sé mi canción exquisita/ Squizofrénica forado escape divino”.
Desde una perspectiva crítica, el poemario puede
resultar desafiante para el lector. La densidad verbal, la fragmentación
sintáctica y la proliferación de imágenes dificultan una interpretación
inmediata; no obstante, esta dificultad es constitutiva de la propuesta
estética. Eucaristía rechaza la transparencia comunicativa y apuesta por
una poesía de la intensidad, donde el sentido no se entrega de manera cerrada,
sino que emerge a partir de la experiencia misma de lectura. El lector debe
habitar el ritmo, aceptar la discontinuidad y participar activamente en la
construcción del significado.
Para concluir, Eucaristía de Roger Santiváñez
es un poemario de notable complejidad formal y simbólica, en el que lo sagrado,
lo erótico y lo lingüístico convergen en una experiencia poética radical. La
obra transforma el lenguaje en ritual —no de reconciliación, sino de tensión y
metamorfosis—, y confirma la capacidad de la poesía para explorar zonas límite
de la subjetividad y de la percepción. Su valor reside, precisamente, en esa
apuesta extrema por la intensidad verbal y por una concepción del poema como
espacio de riesgo estético y espiritual.
Puntuación: Bueno
Presentación: Bueno
Género: Poesía
Leído: 8 de marzo del 2026
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