jueves, 23 de febrero de 2012

Paseador de perros



Paseador de perro (Alfaguara 2008) es la historia de un tour por las calles de Madrid y su periferia. Es una novela contaminada por la desesperanza de ser un inmigrante que no encaja en Madrid. Sergio Galarza recrea las tragedias y los placeres de una ciudad que tiene mucho y poco que contar, desde Malasaña hasta Coslada, desde Alcorcón hasta La Moraleja.
Paseador de perros, la primera novela del escritor peruano Sergio Galarza (Lima, 1976) nace como ampliación de un cuento corto titulado “El mapache” publicado en un libro de cuentos anterior.
El narrador, un joven inmigrante, viaja en metro y en autobús de un lado a otro para llegar a tiempo a su trabajo: pasear perros. Así sobrevive. Parece un oficio sencillo, pero el desamor y la sensación de esclavitud del que trabaja de lunes a domingo, lo hacen tan vulnerable y frágil como lo son, por otros motivos, algunos de los personajes con los que se cruza: un anciano con un mapache enjaulado, una mujer adicta a la autoayuda y aterrada por su rostro, un matrimonio que espera su final y, sobre todo, perros, de todas las razas y tamaños.
Lo importante de la novela en su escritura que radica en su insistencia en mostrarnos el desasosiego, la simpleza de los eventos que se van presentando y por simple que sean deforma la percepción del narrador hasta llegar a la liberación concretizada por los animales. Siento que los animales van cambiando, como el narrador, cuando uno transita la novela. Otro punto importante es el tema de la migración y como se construye este nuevo inmigrante en una ciudad que ya no posee la esperanza que tenia en su imaginario, seguramente construido en su ciudad natal donde huyo en busca de nuevas oportunidades. Un punto de objetar es que el lector podría entender que la lectura de la novela podría resultarle plata y chata por los sucesos sin importancia que se van relatando en la obra pero uno debe entender que el narrador formula  esta escritura para crear ese ambiente de insatisfacción que siente por su vida vida misma. 
Sergio Galarza en esta novela reflexiona sobre los cambios que se han producido en las grandes ciudades tras la llegada masiva de nuevos vecinos y como este fenómeno ha afectado a lo que entendíamos como una ciudad cosmopolita como es Madrid. 
Paseador de perros es la primera novela de lo que Galarza ha llamado su “Trilogía Madrileña”.

Puntuación: Bueno
Presentación: Muy buena
Género: Narrativo
Leído: 22 de enero del 2012




miércoles, 22 de febrero de 2012

Las 10 imprescindibles de Alexis Iparraguirre





Alexis Iparraguirre (Lima, 1974) es uno de los mejores narradores peruanos de hoy. Su libro de relato El inventario de las naves se alzó con el prestigioso Premio Nacional PUCP 2005. Alexis nos invita a leer sus diez imperdibles. Tomemos nota:

El barón rampante de Italo Calvino. Siempre lo recomiendo cuando mis amigos me piden un libro ameno e interesante. A veces, eso es otra forma de pedir literatura que entretenga, que no sea el volumen lento y solemne que  algunos prejuicios asocian con la gran literatura. El barón rampante es un libro sumamente entretenido, pero también un ejercicio artístico de primer nivel, que asocia la aventura, la fantasía y una sutil disposición argumental a partir de su alegoría de fondo: el noble adolescente que decide, como utopía personal, nunca bajarse de los árboles a mediados del siglo XVIII. Quien quiera constatar que una historia lineal esconde, en su aparente simpleza, el difícil arte de trenzar conflictos hasta que alcancen sus últimas consecuencias puede encontrar en esta compendiosa novela un magnífico modelo.

La cartuja de Parma de Stendhal. Cuando los personajes de la literatura actual resultan a veces solo variaciones de una única voz narrativa, y ella, las más de las veces, es un modo poco elegante de la figuración del autor, entusiasma comprobar que todavía en los libros de Stendhal cada personaje es una suma de sensaciones específicas y razonamientos irrepetibles, es decir, de sensibilidades tan intensas y autónomas, diferentes de la voz autoral, que antes de experimentarlas solo las  podíamos identificar en el flujo de la vida misma . En particular, La cartuja de Parma consigue un tratado de los matices de la psicología femenina que, justo por su extrema delicadeza, se condena de modo casi insensible a su propia anulación. Flaubert y Tolstoi vieron en ello una rigurosa crítica a los tics sentimentales en boga de su época. Los lectores de Stendhal aprendemos de él que la ficción parece un escenario vacío sino se puebla de muchas y distintas personalidades.

Los hermanos Karamasov de Fiódor Dostoievski.  Cuando se lee este libro se experimenta el efecto de una puesta en escena hipnótica y truculenta. O, como dijo Shakespeare, que la vida es el monólogo vociferante de un loco, que, como Hamlet, padece de extrema lucidez. No es extraño porque el joven Dostoievski  quiso ser dramaturgo y admiraba a Shakespeare a tal punto que se planteó emularlo. Se dio cuenta, casi de inmediato, de que era apenas una sombra de su modelo, pero el entrenamiento le valió para convertir a los personajes de sus novelas en los más turbios, torrentosos y delirantes devotos de una sinceridad histérica, imprevisible y vital. El único limite que les impuso Dostoievski  fue que el pecado se castigase y que la redención tuviese una oportunidad entre sus delirios. Los hermanos Karamasov, Mitia, Vania y Aliosha, involucrados de un modo u otro en el asesinato de su padre, enseñan cómo hablar con una mano en el corazón y la otra en el laberinto de la contradicción y la iluminación más inesperadas.

Ficciones de Jorge Luis Borges. Nadie entiende bien cómo un cuento puede ser un universo, con sus continentes y sus mares, con sus naciones y su metafísica, hasta que no ha leído los resúmenes apretadísimos de poesía, erudición y fina imaginación de Jorge Luis Borges. Inventor de una nueva forma de prosa, aquella que condensa muchos símbolos en la escueta gramática de una narración aparentemente clásica, su legado mayor, no obstante, solo es percibido por quienes emprenden la labor de escribir cuentos luego de leerlo. Borges sitúa la ambición del género fuera de cualquier proporción anterior. Luego de Borges, un cuento puede contener el mundo imaginado por una novela o por varias sin escapar al precepto de la única línea argumental. Un cuento, para los latinoamericanos, deja de ser el mero relato incidental con valor emotivo o alegórico y se convierte en una arquitectura en miniatura, en una  piedra minúscula labrada por el cuentista con lente de joyero inagotable. De Borges se aprende que un cuento es una torre o un abismo en que tiene sitio la magnitud de lo pensable.

Pedro Páramo de Juan Rulfo. Es la novela del Boom antes del Boom. Contada en resumen, solo es la reconstrucción que un fantasmal Juan Preciado logra de la vida de su padre, Pedro Paramo, el señor de horca y cuchillo de Comala, un pueblito en el árido norte mexicano. No obstante el montaje cinematográfico al que Rulfo somete la historia sin contemplación de ningún tipo, permite descubrir en la superposición de sus muchos episodios, como en un cuadro cubista, el poema de desamor de un niño solitario, o un alegato sin énfasis sentimental contra los crueldad de los terratenientes, o una historia de aparecidos ofendidos y sin memoria, o una historia de bastardías irreparables;  en suma, un compendio enigmático, nunca clausurado, que alude a la imagen del México que entendía Rulfo. De modo muy semejante, proceden los novelistas latinoamericanos que lo sucedieron cuando proyectan relatos de relaciones familiares como símbolos del drama nacional e incluso continental. Leyendo a Rulfo no solo conocemos el impacto del arte moderno en la narrativa en español sino  aprendemos a conocer cómo se hizo novelas en el siglo XX en Latinoamérica.

El perseguidor de Julio Cortázar. La melancólica historia que Bruno V. refiere sobre su amigo Johnny Carter, saxofonista genial, adicto a drogas de todo calibre, desde su gira por París hasta su repentina muerte no solo es la escenificación de las tensiones entre la mirada de un crítico musical en su cómodo papel de consumidor  de arte, y el modo de vida ajeno a convencionalismos, incluso inmoral, del artista que persigue, en nombre del arte, dimensiones de la sensibilidad desconocidas. Cortázar consigue una altura adicional: revivir el mito del genio que está más allá de cualquier comprensión racional sin caer en la fantasía o el elogio gratuito. Johnny viaja en metro, pierde saxofones, hace algunas metáforas sobre el tiempo que carecerían de cualquier sentido sino fuera por el alcance y los éxtasis a los que conduce su música. Entonces, se convierten en pistas de un conocimiento al que el ser humano apenas puede intuir por obra de seres como Johnny. El perseguidor es una puesta al día del mito del artista para el siglo XX y enseña a hablar del oficio sin hablar directamente de él, a señalarse a uno mismo sin nombrarse, a discutir de los límites del oficio ejecutándolo a la vez.

Conversación en la Catedral de Mario Vargas Llosa. El afán de síntesis planteado por Borges tiene su contraparte novelesca en la aspiración de la novela total, esa que hable de toda una sociedad desde cualquiera de sus personajes, de sus estamentos sociales, de sus sensibilidades. Vargas Llosa consiguió ese objetivo, o lo fingió con la suficiencia de los más grandes fabulistas, en este libro. No le falta nada: grandes tramas, personajes inolvidables, discusiones políticas, sentimentales, acaso filosóficas: todo surgen en medio de un insondable abismo de voces que conversan, odian y aman en el marco del diálogo memorioso entre Santiago Zavala, hijo renegado de un gran burgués, y el negro Ambrosio, antiguo chofer de su familia. Así Vargas Llosa reinventa, al compás de su imaginación, los años cincuenta en el Perú y sus extravagantes miserias durante la dictadura de Manuel Odría. Ambiciosa como pocas novelas, Conversación no solo usurpa la verosimilitud de la realidad, sino que consigue una inventario de tipos humanos limeños y peruanos aún hoy reconocible. Vargas Llosa configura un temperamento de lo peruano-limeño que otras imaginaciones no han logrado ensombrecer. Cualquier retrato posterior de ese temperamento, hasta la fecha, se aprende de él.

El mundo sin Xóchitl de Miguel Gutiérrez. La historia de los amores incestuosos de Wenceslao y Xóchitl, hijos del avinagrado don Elías, terrateniente cosmopolita piurano que, en nupcias otoñales, se casa con una aspirante a actriz de ópera bellísima y medio loca, parece un sumario de literatura decadentista, de aquella que era del gusto de los lectores europeos de fines del siglo XIX. No obstante, situada en la norteña Piura, en un tiempo mágico, entre el arribo de los adelantos de la modernidad y la supervivencia de creencias ancestrales, la novela explora con profundidad y atrevimiento la cultura sentimental de su época y sus arrebatos eróticos y sus numerosos excesos. En ningún momento, sucumbe a los lugares comunes del melodrama y sus truculencias, y cuando los bordea, escoge enfocarlos desde los ojos del dolor maduro y no del llanto. Por eso, Gutiérrez cumple la aparentemente simple, pero única labor, de dedicar una novela peruana completa al amor sin adjetivos, o al desamor, que es otra cara de la misma moneda.

Trilce de César Vallejo. La literatura frecuentemente se ha dedicado a inventarse con ayuda del pasado y la imaginación. Trilce quiere imaginar sobre el futuro. Sobre cómo será una poesía que solo conocemos como adelanto de un tiempo por venir o que ni siquiera estamos en capacidad de entender, pero cuya figura hermética permanece como la esfinge entre nosotros, segura de que su tiempo habrá de llegar y sus enigmas serán afirmaciones tan comunes de la vida como “Hace frío” o  “Te amo”. Contra ello se alza el sentido común: la ambición de imaginar el futuro parece desmedida y condenada a ser superada por el futuro real que siempre muestra a nuestra imaginación como insuficiente o débil. No obstante, ello no ha ocurrido con los poemas de César Vallejo en este poemario, cuyo mismo ofrecimiento a la lectura  es un gesto esperanzado en el destino de la especie y en la capacidad de esta para ampliar mediante los sentimientos y sus emociones los límites de la razón hasta concebir como comprensible una poesía escrita para y desde un tiempo inexistente. Quien piensa que en el propósito de Vallejo hay un acto de soberbia ilimitada constatará en la lectura de Trilce que los enigmas que plantea continúan, inquietan, nos prueban, y Vallejo sigue escribiendo desde lo que aún no sucede.

Las partículas elementales de Michel Houellebecq. Si el convencimiento de que existe una vida mejor nace de mostrar que habitamos en una muy mala, el libro de Houellebecq  se encarga de probar hasta la saciedad lo segundo. La novela es su demostración organizada y sensible a través de las biografías paralelas de dos hermanastros, condenados al fracaso desde que nacieron. Envueltos en la vorágine de fines del siglo XX, son testigos pusilánimes de cómo agonizan utopías de derecha y de izquierda en las figuras mediocres de sus parientes y amigos próximos, debacle de la que solo se mantienen a flote porque son consumidores compulsivos de un mercado sin límites, que oculta la inutilidad de sus productos bajo el aura del prestigio y cuyo mejor señuelo para ventas es el sexo. Ello hace imposible las relaciones de pareja, puesto que los cuerpos de los amantes se vuelven bienes desechables, e impide la fuga hacia estados alguna vez viables como el amor o el autoexamen. Historia de dos conciencias que testimonian sin prisa su aniquilamiento en el supermercado de la vida, cada una de sus páginas incomoda al lector, que se reconoce como parte de esa sociedad detestable. La lectura de Houellebecq enseña la crítica radical completa, donde la única salida es la fantasía.

Duna de Frank Herbert. Aunque la fantasía no sea el lugar de la vida, su plasticidad la hace apta para hablar de esta con una libertad que reservas personales o estéticas impiden, o de pura vocación por ella. Duna es una de las mejores pruebas del uso de la fantasía de aventuras con inusual habilidad artística: es un drama dinástico, una exploración en el seno de las religiones contemporáneas, una estudio sobre el pensamiento mesiánico, una especulación de las consecuencias geopolíticas de los monopolios económicos, un retrato descarnado de las relaciones internacionales y un elogio del más puro ecologismo. Épica del destino de la especie en un universo en que el misticismo es indiferente de la política, no obstante, la historia del planeta desértico Duna es la de una humanidad obligada a elegir lo inesperado en cada callejón sin salida al que la conduce la razón de estado, los negocios corporativos o el fanatismo. Imagen de urgente actualidad, es una novela para especular sobre los caminos que abre el futuro, no en miles de años, sino en el siglo que recién empieza.

jueves, 13 de octubre de 2011

Entrevista a Domingo de Ramos



Nuestro poeta Domingo de Ramos (1960) nos da una sustanciosa entrevista sobre su vida poética de estos últimos años y su proyección literaria.

1.- Cómo te integraste al grupo Kloaka?

Fui llamado por ese entonces por la poeta Mariela Dreyfus, que era la jefa de práctica de mi salón en la Universidad. Ella supo que yo escribía y me invitó a una reunión con algunos de los futuros integrantes del Movimiento, entre ellos estaba Róger Santiváñez, Edián Novoa, Guillermo Gutiérrez y la misma Mariela en agosto o septiembre del 82. Fue en el bar chifa Wony de la calle Belén.

2.- Cuál es la importancia de Kloaka para el canon literario peruano?

Creo que además de lumpenizar el lenguaje, nos unía un espíritu de vueltas y tocar temas de la urbe caótica e inhumana de un sistema que enloquecía a sus habitantes así como cambiar la vida y la poesía haciendola mas asequible a las masas poniendo sus más espinoso temas y darle una viabilidad ora que se enrosque con su devenir histórico. Eso fue básicamente lo que queríamos.

3.- El tema de la Inmigración que impacto tiene en tu poesía?

Es un tema que me toca profundamente ya que yo mismo soy un inmigrante así como lo fue mi familia, mis padres por lo tanto para mí era dejar un testimonio de como ese lenguaje con lo occidental se fusiona y sale una manera de pensar , intuir y abrir nuevos rumbos a la poesía de ese entonces.

4.- Cuál es tu metodología en el acto de escribir?

Mi método es primero tener una idea de lo que quiero hacer. Elijo un tema sobre lo cual empiezo a tener un norte para que no se me desboque en meras palabras que no suenan a nada y luego busco lo estético osea estoy guiado por lo musical y veo que un poema sale y ese es el tino que voy a elegir para ese tema que voy a abordar. Luego lo dejo reposar hasta que vuelvo a corregir o aumentar y es allí cuando termina el libro.

5.-Por qué crees que la poesía se ha vuelto en un genero menor para el lector promedio?

No es cierto eso de ser un genero menor ni antes ni ahora. Allí tenemos todavía premios Nobel para grandes poetas que siguen escribiendo y no mirando a otros géneros como algo superiores a la lírica. La poesía desde antes, desde ahora y para siempre estará entre las mejores que tiene el ser humano para expresarse con el mundo.

6.- Hay un tema poco tratado por la critica en torno a tu poesía que es el tema del erotismo. Como entiende Domingo de Ramos el erotismo en su poesía?

Esto no lo sé, tal vez alguien que este como un critico atento y ser un buen lector de poesía tal vez el pueda expresarlo y analizarlo mejor que yo sobre mi poética.

7.- Si tendrías que englobar tu poesía en una sola palabra cuál seria?

Esto si es muy difícil no lo sé.

8.- Cuál es tu próximo proyecto literario?

Es escribir sobre la migración de peruanos en el exterior para ganar una beca. Ojalá pueda hacerlo para obtener la beca y el tiempo para escribir este nuevo libro.

miércoles, 12 de octubre de 2011

Naufragio de los días



Hay poemas que pareciesen que no dicen nada, su profundidad es tal que un lector común rara vez podría percatarse que lo cotidiano tiene un significado poético. Así puedo caracterizar la poesía del poeta peruano Eduardo Chirino (1960). Un pelea constante entre lo cotidiano, el lenguaje común y una leve comunicación con la cultura anterior. Naufragio de los días (Editorial Renacimiento - España 1998) es un libro antológíco de sus mejores poemas de ocho libros (1978 -1998). Siendo el antologador el español Vicente Tortajada. 
Puedo deducir brevemente que este libro se puede leer como un libro de cómo Chirino va afilando su estilo poético en el transcurrir del tiempo volviéndose relativamente común pero con una carga semántica impresionante en el entendimiento de las cosas. Los libros que integran esta antología son: Cuaderno de Horacio Morell (1981), Crónica de un ocioso (1983), Archivo de Huellas digitales (1984), El libro de los encuentros (1986), Ritual del conocimiento y del sueño (1987), Canciones del Herrero del Arca (1989), Recuerda, el cuerpo... (1991), El equilibrista de Bayard Street (1998).

Puntuación: regular
Presentación: Muy buena
Género: Poesía
Leído: 12 de Septiembre del 2011

lunes, 3 de octubre de 2011

Ética para amador


Soy intolerable a los libros de autoayudas o mejor dicho cómo desarrollar nuestra inteligencia emocional (que es lo mismo pero con palabras más cultas). No le encuentro ningún disfrute ni mucho menos ninguna revelación. Simplemente pierdo el tiempo en un texto que quiere revelarme algo que la capitalismo me ha animalizado durante todo mi vida. Así cuando alguien se acerca y me confiesa que es un lector voraz porque ha leído toda la saga de Paulo Coelho trato de retornar a mi cabales y hacerme el desentendido, el estúpido y tolerante, y no confesarle mi desprecio. 
Fernando Savater filosofo reconocido en el mundo académico ha demostrado que es una persona altamente instruida, no solo puede para su entorno, sino también para el vulgo. Ética para amador (Ariel 1993) es de esos libros que te enseñan primariamente hasta donde son los deberes y derechos de los seres humano. Creo que el problema del libro no es que se le deba encasillar como un libro de autoayuda sino que se debe pensar que este libro debe ser leído solo personas que sus edades deban fluctuar menor de veinte años. Me remito a esta apreciación por la sencillez de su lectura y su carácter formador de la misma. 
La forma de composición narrativa de este libro me hace recordar a uno anterior, que fue también un bell seller, El mundo de Sofía del escritor Josteins Gaarder. Ese mecanismo de ir explicando a un receptor ausente, que al final es el mismo lector, para hacerte y hacerlo reflexionar y repensar cómo debe uno asumir sus responsabilidades y construir un universo por sus decisiones. 

Puntuación: Regular
Presentación: Buena
Género: Ensayo 
Leído: 23 de septiembre de 2011

jueves, 29 de septiembre de 2011

Lo peor de todo


Me considero un lector seguidor de Ray Loriga (Madrid, 1967) hasta el punto de invertir una cantidad innecesaria de dinero para leer esta su primera novela (1992) y esperar que me deslumbre como la primera y única novela que me conmovio: La pistola de mi hermano (Plaza Janes 1995). Otra vez no ha ocurrido. Mi lectura de Ray Loriga me hace recordar a la lectura de Alfredo Bryce Echenique. Un mundo para Julius fue el primer libro que leí en mi vida y descubrí la literatura y creí que todos sus libros seguiría descubriendo un mundo extra terrenal pero no fue así. Recuerdo que llegue a comprar todos sus libros para luego venderlos todos por la amargura que me había ocasionado. Así como fue mi primera ilusión también fue mi primera desilusión. 
Con las lecturas continuas te das cuenta que es muy difícil que un autor atine con su primera obra solo los genios, los tocados por un ser divino pueden hacer eso. Los mortales aprendemos a escribir con el tiempo y con libros fracasados en nuestro haber. Tal vez Ray Loriga pertenezca a este grupo o fue, tal vez, que lo sobre valore demasiado. 
Resumen: Élder Bastidas hace un repaso casi terapéutico de su vida: desde las decepciones de la infancia hasta un presente en el que la melancolía y la incomprensión lo dominan todo. Sólo el amor puede ser una tabla de salvación para no hundirse definitivamente.
Lo pésimo de la novela es que no pasa nada emocionante, no hay desequilibrio argumentativo, construcciones de personajes que vivifiquen el ambiente. La narración se convierte en  ínfima, secundaria, inútil para retratar a un adolescente promedio que no sabe ni pensar ni relatar su vida. Poco de reflexionar sobre el mundo construido poco de disfrutar literalmente. En torno a la técnica narrativa se puede calificar como chata e insoluble para lo que quiere construir. Un libro para el olvido de todos los tantos que se van abarrotando en mis estantes. 

Puntuación: Pésima
Presentación: Muy buena
Género: Narrativo
Leído: 21 de septiembre del 2011

sábado, 24 de septiembre de 2011

Entrevista a Roger Santivañez



El poeta peruano radicado en los Estados Unidos Roger Santivañez, gentilmente, me ha aceptado una entrevista sobre su quehacer poético de estos últimos años, así como una evaluación de su vida literaria.  Roger acaba de publicar en julio pasado en Lima la segunda edición de 'Amaranth' (Tranvias Editores) originalmente publicada en España, 2010; y su nueva obra 'Roberts Pool Crepusculos' Coleccion Premio Libros de poesía breve de Hipocampo editores. De esta manera iniciamos el segmentos de entrevistas a los mejores representantes de la literatura peruana y latinoamericana.

1  ¿Qué recuerdo tienes de tus primeros acercamientos a la poesía?
Mis primeros acercamientos a la poesía fueron intuitivos. Recuerdo que cuando tenía siete u ocho años –estando de vacaciones en Lima pues yo vivía en Piura- escribí una especie de poemas (digo especie porque yo no tenía idea de la poesía) en los cuales  jugaba y me divertía con las sonoridades del lenguaje. Para mí fue una suerte de descubrimiento alborozado y bajo la influencia de ciertas canciones rock que conocía debido a que mis hermanos mayores las escuchaban. Pero allí quedó la cosa, fue flor de un día. Posteriormente –en mi casa de Piura- me conmovió extraña y profundamente –hacia los doce o trece años- la lectura que hizo mi padre del Llanto por la muerte de Ignacio Sánchez Mejías de García Lorca (a quien él adoraba) probando una grabadora de caset que eran novedad por aquellos días. Fue un impacto muy grande. Pero tampoco sabía bien de qué se trataba. Sólo en cuarto de media y cuando ya había empezado a escribir textos a los que yo –en mi soledad- llamaba poemas, cogí la obra completa de Vallejo –edición Moncloa , 1968- que mi padre atesoraba- y allí sí que se me rompió el cerebro y decidí que mi camino sería –única y exclusivamente- el de la poesía.

2. ¿Cuál es tu disciplina para la escritura?
Mi disciplina para la escritura es simple. Me predispongo para la poesía y entonces empiezo a escuchar –dentro de mi cabeza- los primeros acordes poéticos de la expresión. Seguidamente, principio a escribir. Y usualmente no paro hasta terminar el poema. Claro que el punto central es aquel predisponerse para la poesía y eso implica una disciplina vital por la que uno debe estar en poesía. Esto significa permanentemente mirar el mundo, la vida y las cosas poéticamente. Es decir, desde el punto de vista de la poesía. En cierto modo uno tienen que estar –digamos- en un mundo aparte, en tus reinos interiores como dice Hinostroza.

3. ¿Qué importancia tiene Kloaka para Roger Santivañez?
El Movimiento Kloaka (1982-1986) tiene la importancia de haber sido la gran experiencia colectiva de mi generación. Kloaka en su fundación –Dreyfus, Novoa, Gutiérrez y quien escribe- fue una suprahermandad –hasta comíamos del mismo plato- cohesionada por la entrega total a nosotros mismos –hacíamos sesiones empíricas de psicoanálisis mutuo- exteriorizando todo lo que habíamos vivido –sufrido- desde nuestra infancia y adolescencia. Y también fue un taller de creación poética y literaria, un intercambio de pareceres. Luego con la entrada y/o participación en  Kloaka de Velarde, De Ramos, Polanco, Soto,  Heredia  -y de los aliados y/o simpatizantes Mazzotti, D. Ruiz Rosas, Dávila-Franco,  Quijano, Bryce, Martin, B. Mendizábal, Berger-  nuestra acción pública se extendió –así como con las bandas Durazno Sangrando, Kola Rok de (Edgar Barraza, el inolvidable Kilowatt ), Medias Sucias y principalmente Delpueblo ( en su formación única y original)  y nos propusimos ser una conciencia vigilante desde la poesía  (es decir desde el punto de vista más humano)  de toda la sociedad en su conjunto, a la que considerábamos una cloaca –y de ahí el nombre Kloaka- porque veíamos que el Perú era una sociedad en descomposición total y decadencia absoluta y por eso planteábamos una Revolución radical de corte anarquista y con la perspectiva utópica prendada de un nuevo horizonte hacia el Socialismo. Kloaka fue la actitud de neovanguardia que nos reclamaba la inmarcesible juventud de los 1980s.

4. ¿Symbol” (Princeton, 1991) es la para la critica peruana uno de los libros fundamentales para comprender la poesía peruana esperabas esta respuesta?
No, la verdad que no la esperaba.  Uno cuando escribe –simplemente lo hace- y no está pensando en el efecto que tendrá. Escribí Symbol  durante los últimos días de diciembre de 1989 y todo el verano de 1990. Fueron noches de unos meses alucinantes. Buscaba sacarme desde lo más hondo de adentro de mí mismo algo así como mi verdadera voz y/o mi verdadera vida (Rimbaud) y lo cierto es que yo seguía a pie juntillas las consignas del genio francés. Por ejemplo: “Ahora estoy maldito, me da horror la patria. Lo mejor es dormir muy borracho sobre la arena”.  “Apreciemos sin vértigo la extensión de mi inocencia”. “La vida es la farsa que hemos de representar todos”. “Me creo en el infierno, luego estoy en él”. Y también: “La verdadera vida está en otra parte”. “Hay que ser absolutamente moderno”. ”estoy consagrado a un desorden nuevo, espero converitirme en un loco peligroso”.  Y finalmente “Una tarde senté a la Belleza en mis rodillas. Y la encontré amarga. Y la injurié.” [versiones de Miguel Casado y Eduardo Moga]. Esta fue la ideología que alumbró Symbol en medio del pico más alto que alcanzó la insurrección de Sendero Luminoso y la guerra civil en el Perú, así como el fragor más intenso de un loco y tormentoso amor y no-amor que yo vivía con una preciosa jovencita de Lima, a quien Symbol (titulado originalmente Ultra-Tumba) está dedicado. Symbol es un texto atravesado por una extrema violencia en su endiablado y entrecortado ritmo y su fragmentado lenguaje. La violencia interior y exterior en que uno sobrevivía en aquel tiempo. Hablando estríctamente de lenguaje poético, Symbol fue el destino final de un viaje iniciado para radicalizar el conversacionalismo imperante y en el que yo nací: el coloquialismo extremado me llevó al habla más profunda del pueblo –la jerga del lumpen- contexto de violencia coincidente con toda la situación que te describí líneas arriba. Pero como quien se da una vuelta de 180 grados, derivé en el atisbo del neobarroco de mi libro posterior Eucaristía y antes Lauderdale (que salió en Hueso Híumero 35) por un desarrollo íntimo y solitario de la propia poesía.

5. ¿En el Perú hay un nuevo neo barroco?
En el Perú hay una consistente tradición barroca moderna que se iniciaría con Martín Adán (La rosa de la espinela / Travesía de extramares ) magníficamente desarrollada por Carlos Germán Belli –hoy por hoy nuestro mayor poeta vivo- . En el ámbito hispanoamericano, desde el período que llamamos neobarroco con Severo Sarduy (1972) y luego la formulación de Néstor Perlongher, Roberto Echavarren y José Kozer a partir de la muestra denominada Medusario (1996) podemos situar en esta órbita -en el Perú-  Sobrevivir de Mirko Lauer. De la generación del 70 Vladimir Herrera y –hacia los 80s-  la obra poética de José Morales Saravia reunida en Oceánidas. Así mismo yo situaría en esta órbita –no exactamente neobarroca- pero sí poética del lenguaje ( tal como la entiende el estudioso del tema Enrique Mallén) el trabajo de Mario Montalbetti y de Carlos Lopez Degregori.

6. ¿Cómo vez la poesía peruana en la actualidad?
La veo bien, es decir la poesía peruana tiene una gran vitalidad. Estuve en Lima en julio pasado y pude comprobar la intensidad del reciente movimiento poético. Entre los nuevos libros  aprecio “Bucólica polución” de Erika Meier, “Berlín” de Victoria Guerrero , “Balada del asesino” de Mixha Zízek y “Sub verso” de Giancarlo Huapaya Cárdenas.

7. ¿Crees que la tradición literaria peruana se construye a una manipulación de un grupo de persona que tienen poder en diferentes rubros?
En el único poder en el que yo creo es en el de la poesía. Poder espiritual y profundamente humano, que es el de la belleza y que sólo otorga el paso del tiempo. Así me explico la configuración de la tradición poética peruana, la que arranca con Eguren y Valdelomar y se corona  universalmente con César Vallejo. Fundación que –a mi juicio- se complementa con la obra de Xavier Abril, Oquendo de Amat, Martín Adán, Moro, Westphalen y se proyecta hasta nuestros días con Blanca Varela y Jorge Eduardo Eielson. Ahora bien, dicha belleza –este corpus literario- ha sido y es manipulado tendenciosamente por las clases que han dominado la sociedad peruana, de acuerdo a sus intereses. Esto es concreto y real y debemos denunciarlo sistemáticamente; pero la verdad es que no tiene que ver –strictu senso- con la poesía en sí msima. La poesía está aparte de ésto y es libre como una flor salvaje que brota en cualquie parte para darnos belleza y ennoblecer el misterio de la experiencia existencial.

8. ¿Qué tanto ha cambiado el enfoque de hacer poesía en las últimas promociones poética peruana?
Debido a mi extrañeza de Lima no dispongo de una información completa sobre el tema. Sólo puedo hablar de lo que me gusta y/o me parece interesante  de entre lo que yo conozco, que –como te digo- es necesariamente fragmentario, en razón de mi ausencia del Perú. Y ésto sería demasiado personal  para una sustentada opinión como la que tú me pides.

9. ¿Cuál es tu proyecto a corto plazo?
Tengo en proceso de escritura un par de libros nuevos de poesía. Mientras tanto trabajo en la Universidad enseñando español y literatura latinoamericana que es mi especialidad. Aparte de eso paso la mayor parte de mi tiempo estudiando en las bibliotecas los distintos lenguajes poéticos y también dedico horas a la meditación y a la contemplación. Busco una iluminación por la poesía.

Collingswood, New Jersey, Fall’s antesala 2011.