martes, 9 de junio de 2026

Sitio

 

Sitio (Cuadernos de hipocampo, 1979) de Juan Bullitta, límeño, nacido el 16 de febrero de 1944 y fallecido (suicidio) en Pisco, 1990, el poeta fue fundador y animador de la revista Hablemos de Cine, organizador de los cine clubes de la Universidad Católica y de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, destacado crítico cinematográfico del diario Correo entre los años 75-77, autor de Zoológico, uno de los mejores cortos nacionales en la década de los setenta y de los poemarios Sitio (1979) y Arreglo de Cuentas (1990).

Amante de las matinés, Juan Manuel dejó regados también afiches, fotos, una extraordinaria memoria fílmica y algunos versos inéditos: «Husmeo en la noche su campamento y afino el oído / bajo la lluvia de fuego de los poemas / descubro que se trata de no bajar la guardia / cuando nos brote ternura nostalgia / no ceder un milímetro la estepa la pradera el río la montaña / juiciosos sembrar vientos destinado tempestades / permanecer vigilantes alertas / armados primitivamente hasta los dientes / felinos los reflejos / tensos los músculos como el arco listo a disparar la flecha / mientras nuestro entrenamiento superior consista / en hacer el amor con imaginación y destreza» (Palabras de Eloy Jauregui)

Juan Manuel Bullitta se inclinó tarde a la experiencia poética, pero, a pesar de ello, puedo captar el aire de su tiempo. Recordemos que la poesía conversacional se consolidó en el Perú durante la década de 1970 y representó una de las transformaciones más importantes de la lírica peruana contemporánea. Además, significó una ruptura con ciertas tendencias esteticistas, simbolistas y herméticas que habían dominado parte de la tradición anterior. Su principal apuesta consistió en acercar el lenguaje poético a la oralidad cotidiana, a la experiencia urbana y a los conflictos sociales de una sociedad que atravesaba profundas transformaciones políticas y culturales, todo lo mencionado se encuentra en su primer libro del poeta en un acto de inocencia y presagio.

Desde una perspectiva estética, la poesía conversacional buscó aproximarse a la lengua hablada: “no te metas el dedo en la nariz/ muchacho/ quita el dedo de la nariz…”. El poema incorporó expresiones coloquiales, referencias a la vida cotidiana, humor, ironía y elementos narrativos: “hay que portarse bien con todos/ en la iglesia especialmente/ cuando hay visitas siempre/ con los mayores con respeto/ con los ancianos por consideración…”. El poeta dejó de presentarse como una figura oracular o excepcional para asumir la voz de un ciudadano inmerso en los problemas de su tiempo. Esta transformación amplió el público potencial de la poesía y cuestionó la idea de que la complejidad literaria dependía necesariamente de la oscuridad expresiva.

Entre las influencias más importantes pueden mencionarse las propuestas de Nicanor Parra, la poesía de Ernesto Cardenal y ciertas vertientes de la poesía norteamericana contemporánea. Sin embargo, la poesía conversacional peruana, incluida la de Bullitta, desarrolló características propias: la experiencia urbana de Lima, las tensiones sociales y la emergencia de nuevas sensibilidades juveniles otorgaron a esta corriente una identidad particular.

Desde mi análisis crítico, uno de los mayores logros de la poesía conversacional fue democratizar el lenguaje poético. La incorporación de registros cotidianos permitió representar experiencias que habían permanecido relativamente marginadas dentro de la tradición literaria. El poema comenzó a hablar de calles, barrios, conflictos laborales, amistades, relaciones sentimentales y acontecimientos políticos sin recurrir necesariamente a una retórica elevada. Esta apertura enriqueció considerablemente el campo poético peruano y es lo que se vio influenciado el poeta: “1 de Mayo sin eco/ al triste parlante proletario del mercado/ ahogado/ por el rugiente bramido de mi soledad/ ensañada en abrazar a otra/ al margen de las banderas rojas”.

Sin embargo, la corriente también presentó limitaciones. En algunos autores y textos, la búsqueda de comunicación inmediata derivó en una excesiva proximidad con la prosa; el poema perdió densidad simbólica y se convirtió en una especie de crónica versificada como algunos poemarios de Tulio Mora, por ejemplo. Asimismo, la fuerte presencia de referencias coyunturales provocó que ciertos textos envejecieran con rapidez, cuando la dimensión política o testimonial predominaba sobre la elaboración estética, la poesía corría el riesgo de transformarse en documento antes que en obra literaria.

Otra dificultad residió en la frecuente identificación entre claridad y calidad. Algunos sectores interpretaron que toda complejidad formal debía ser rechazada por considerarla elitista; esta postura condujo, ocasionalmente, a una simplificación excesiva del trabajo poético, en esta sentencia puedo dar como ejemplos muchos textos de Enrique Verástegui. Por ello, medito que la mejor poesía conversacional peruana logró evitar este problema:

En definitiva, la poesía conversacional peruana de los años setenta fue una corriente renovadora, necesaria y profundamente influyente y que se vio reflejada en la poesía de Bullitta, pero con la particularidad de la sencillez y la inocencia: “Estoy de lado del corazón/ desvelando el año que abre juego, y amos a apostar fuerte”. Además, contribuyó a desmontar ciertos privilegios culturales de la tradición literaria y acercó la poesía a la experiencia cotidiana. Juan Manuel Bullitta y los mejores representantes de su generación demostraron que la conversación, la oralidad y el lenguaje común podían convertirse en instrumentos de alta elaboración estética. Sus excesos —el prosaísmo, la coyunturalidad o el didactismo— no disminuyen la relevancia histórica de una corriente que transformó de manera decisiva el panorama poético peruano contemporáneo.

Presentación: Bueno

Puntuación: Bueno

Género: Lírico

Leído: 11 de marzo del 2026


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